miércoles, 9 de julio de 2014


EL "PATRÓN EUROPEO" 
DE LAS IZQUIERDAS CHILENAS



Guillermo Arenas Escudero



La izquierda chilena durante el último cuarto del S.XX se hizo, rehizo, reformó, renovó, recompuso, rearticuló, se restableció, repuso, reconstruyó, se restauró, reparó, reedificó, se reanimó, recuperó, recobró, (o como quiera usted llamarlo) a imagen y semejanza de la izquierda europea.

Este dato suele pasar casual o interesadamente desapercibido. Por estos tiempos, cobra mayor importancia atendida la crisis por la que atraviesa la izquierda europea, en particular la de los países peninsulares del sur de ella.

Lo cierto es que la dirigencia (nuestra dirigencia o, al menos, la que importaba) de la izquierda chilena luego del golpe se fue a Europa. Allá fue acogida, regaloneada, también sufrió, qué duda cabe, en lo humano, la añoranza por el terruño lejano. Fueron arribando a un lado y otro del muro que separaba Europa en aquel tiempo.

Dejando de lado a los comunistas que tienen su propia historia europea, el grueso del resto adscribió con rapidez y entusiasmo a las huestes de la socialdemocracia. “Quema lo que has adorado y adora lo que has quemado”, fue la consigna de los constructores del socialismo chileno. Como Clodoveo y los valerosos sicambros que inclinaron la cerviz ante el obispo de Reims, en esta ocasión, los recién llegados del sur de América, lo hicieron ante los líderes de la Internacional Socialistas,  a los que habían vilipendiado por “reformistas” y “pro-yanquis”, hasta poco antes de tomar (obligadamente muchos) el avión que los condujera a Europa. 

[No saben cómo me cuesta decir lo siguiente]: Los radicales, desde mucho antes del golpe, desde los tiempos de Willy Brand, Harold Wilson y Golda Meir, eran miembros plenos de la Internacional Socialista. Alguno de sus dirigentes, inclusive eran vicepresidentes del buró (máximo órgano permanente de la IS). Llegados a Europa, los radicales, fueron desplazados sin mucha elegancia por socialistas, mapus y demases y a duras penas lograban conseguir asiento en las reuniones entre tanto nuevo socialdemócrata converso a la sociedad de  mercado, todo, en menos de la exhalación de un suspiro.

En suma, la izquierda chilena llegó cuando había muro y la Unión Europea era nonata, al menos como se conoce desde 1993 en adelante.

Llegó cuando la socialdemocracia europea, incapaz de levantar una alternativa se sumó con mayor o menor extensión y/o entusiasmo al proyecto neoconservador del liberalismo con mercado dominado sin contrapesos por las empresas. Neoliberalismo se le llamaría. La Thatcher declaraba muerta a la sociedad, o mejor dicho, la declaraba inexistente y la izquierda no tenía fuelle ni ideas para enfrentarla. Peor aún, en lo medular no la contradijo y en la práctica adhirió a los principios esenciales del capitalismo en su versión más salvaje. Contribuyó también  la debacle soviética y de su bloque. A fines de 1989, con la caída física del propio muro, la legitimidad de la izquierda menguó en todos los rincones de Europa, inclusive en los países socialdemócratas escandinavos.

Hoy, la Unión Europea es devastada por la gran recesión que asola a los capitalismos reales desde 2008. No repetiré aquí los guarismos de las tasas de desempleo, la jibarización de los servicios sociales, etc.. 

Sorprendentemente la crisis es manejada precisamente por quienes la provocaron: la derecha de la Merkel, Rajoy y Cameron. En tanto las izquierdas europea pagan tributo a su pasado reciente y las gentes no les perdonan su anquilosamiento y ausencia de una diferenciación sustantiva con las derechas, es decir con las causas de la crisis: la estabilidad macroeconómicas de los países: a cualquier precio: es decir, al precio de la precariedad generalizada del trabajo y la sociedad.

Las últimas elecciones para el Parlamento Europeo han mostrado a la ultraderecha xenófoba y euroescéptica (o, lo que es lo mismo, ultranacionalista) avanzando (especialmente el Frente Nacional en Francia) no obstante que el Partido Popular Europeo haya conseguido una pequeña ventaja.

Las izquierdas tradicionales, en los principales países del centro y sur de Europa han sufrido derrotas importantes, más que en manos de las derechas “populares”, asestadass, propinada  por fuerzas políticas de izquierda emergentes desde los movimientos sociales, en particular en España y Grecia y con más data en Italia.

Volviendo al inicio de este artículo, la pregunta del millón es si las izquierdas chilenas (tanto las que están en el gobierno, como las que se encuentran fuera del gobierno) abandonarán el “patrón europeo socialdemócrata” de los tiempos en que los chilenos vivieron el exilio en el Viejo Mundo, y se anquilosarán y seguirán esforzándose en mantener los equilibrios macroeconómicos que requiere la economía de mercado con hegemonía de las empresas y de una plutocracia que crecientemente se hace cargo de la escena.

Por la otra parte, lo cierto es que, desde los movimientos sociales chilenos aun no se han parido fuerzas políticas capaces de precipitar una realidad nueva, un nuevo espectro o nueva gama de opciones en las izquierdas. Sin embargo de ello, todo indica que las cosas pueden empezar a caminar en esa dirección, que nuevas fuerzas políticas se urdan y fragüen en los movimientos sociales que sacuden al país desde hace ya varios años, con mucha más fuerza y nitidez, si es que no está ocurriendo ya.

Los dirigentes de "patrón europeo", al menos, deberían poner atención a la disputa en el PSOE por la Secretaría General, que se da en medio de consignas que llaman a "terminar con la desigualdad". 
Como se ve, en todas partes se cuecen habas.

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