miércoles, 11 de junio de 2014


(En Chile)

Nos piden el reloj

y nos bajamos los pantalones(1)



Guillermo Arenas Escudero




La americana General Electric quiere comprar la muy francesa empresa Alstom (Alsthom) que conocemos sobradamente pues es una de las proveedoras de trenes del Metro de nuestro Santiago de la Nueva Extremadura.

Pero los franceses ponen todo tipo de trabas para que la compra se consume. Los galos son así. Suelen abrazarse a la bandera patria y su actual discurso sobre el laissez-faire, en el caso de ciertos símbolos, queda solamente en eso: en un discurso.

(Apostaría doble contra sencillo que si esta disyuntiva se diere en Chile, nuestro fríos mercaderes y los últimos 7 Gobiernos (cualquiera de ellos) habrían entregado Alsthom, de primera, al precio que se ofreciere y de seguro algo habría quedado "en la pasada" para alguno de nuestros patrióticos bancos).

Pero, no se crea que aquel problema le pertenece en exclusividad a los muy nacionalistas entonadores de La Marseillaise.

David Cameron, el británico Primer Ministro conservador amante del neoliberalismo hasta la oblación, ha recibido graves críticas en la Cámara de los Comunes. Se le ha gritado pro-yanqui, en una flemática acepción: “porrista” de los americanos.

El caso es que, a la importante farmacéutica Astra Zeneca, que tiene su sede central en Londres, con una plantilla de 62.000 empleados y utilidades por 11.500 millones de dólares al año, la quiere comprar la estadounidense Pfizer.

Pfizer, con una de esas sonrisas filosas, tan del carácter anglosajón, ha garantizado que las fábricas existentes en suelo inglés seguirán funcionando e, inclusive, que el centro de investigación que Astra Zeneca construye actualmente en la Universidad de Cambridge, será terminado sin contratiempos. Entre anglos de ambos lados del Atlántico no se sacan la suerte y el parche que llevan en uno de sus ojos, en ambos casos, son inocultables. Ninguno le cree al otro. Menos cuando muchos recuerdan una promesa idéntica, que hiciera la empresa gringa-americana Kraft Foods, la que al comprar la fábrica de chocolates Cadbury se comprometió a no cerrar ni una de sus factorías ni talleres. Al poco tiempo, los gringos-americanos, los cerraron todos y los gringos- británicos tuvieron que tragarse la humillación.

(En Chile la palabra de un corsario, de un pirata, o de un angloparlante cualquiera, pesa una tonelada. Hasta ante un castellano ríspido nos inclinamos dóciles. Confiamos en ellos hasta la saciedad. Al punto que, hasta hoy, uno de sus descendientes guía a las gentes de Chile, ética, política y socialmente desde el diario más antiguo de habla hispana.)

(Un detalle: es un secreto a voces que la Pfizer solamente pretende, con la compra de Astra Zeneca, evadir, eludir, escaquear impuestos. "Elusión" voceamos en voz baja y sin decoro en nuestra larga y angosta tierra, no sea que se ofenda o espante un inversionista).

Como si todo aquello fuese poco, en Estados Unidos, encabezados por los Departamentos del Tesoro y Defensa, más de diez agencias federales, participan en una “Comisión de Inversiones Extranjeras” (Committee on Foreign Investment in the United States. CFIUS) las que juzgan si se otorga una autorización para que capitales extranjeros ingresen a EE.UU..

Las razones más comunes que se dan para impedir el ingreso de capitales foráneos al territorio gringo son “seguridad nacional” y “sectores cruciales y/o fundamentales para el país”.

Más aún. No sólo la CFIU impide el ingreso de capitales extranjeros a EE.UU. también las protestas del Congreso y la “prensa libre” del país. No hace mucho (2006) el gobierno de Dubai por intermedio de una empresa estatal, quiso comprar 6 terminales portuarios de Nueva York. Fue tal la “presión patriótica” norteamericana, que como podemos imaginar: Dubai desistió de la compra.

Ronald Reagan y Margaret Thatcher deben estar revolcándose en sus tumbas y la indignación debe alcanzar al mismísimo Milton Friedman por estos devaneos liberticidas en EE.UU., Inglaterra y Francia.

Por nuestro lado, así sea modesto, convengamos que Augusto Pinochet, en su malévolo carácter ladino, debe regocijarse y sacar pecho, por cuanto, en su país (el nuestro) a nadie que venga a “invertir” y “comprar” se le pone obstáculo, cualquiera sea el lugar del planeta de donde provenga y cualquiera sea “la cosa” que le apetezca, pues, como se dice y repite, ello traerá empleo y bienestar.

No faltaba más.

(Dile al tonto que tiene fuerza).


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Fuente: Excelsior 17/05/2014
(1) paráfrasis de una expresión de Roberto Bolaño

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