(En Chile)
Nos piden el reloj
y nos bajamos los pantalones(1)
Guillermo Arenas Escudero
La americana General
Electric quiere comprar la muy francesa empresa Alstom (Alsthom) que conocemos
sobradamente pues es una de las proveedoras de trenes del Metro de nuestro
Santiago de la Nueva Extremadura.
Pero los franceses ponen
todo tipo de trabas para que la compra se consume. Los galos son así. Suelen
abrazarse a la bandera patria y su actual discurso sobre el laissez-faire,
en el caso de ciertos símbolos, queda solamente en eso: en un discurso.
(Apostaría doble contra
sencillo que si esta disyuntiva se diere en Chile, nuestro fríos mercaderes y los
últimos 7 Gobiernos (cualquiera de ellos) habrían entregado Alsthom, de
primera, al precio que se ofreciere y de seguro algo habría quedado "en la
pasada" para alguno de nuestros patrióticos bancos).
Pero, no se crea que aquel
problema le pertenece en exclusividad a los muy nacionalistas entonadores de La
Marseillaise.
David Cameron, el
británico Primer Ministro conservador amante del neoliberalismo hasta la
oblación, ha recibido graves críticas en la Cámara de los Comunes. Se le ha
gritado pro-yanqui, en una flemática acepción: “porrista” de los americanos.
El caso es que, a la
importante farmacéutica Astra Zeneca, que tiene su sede central en Londres, con
una plantilla de 62.000 empleados y utilidades por 11.500 millones de dólares
al año, la quiere comprar la estadounidense Pfizer.
Pfizer, con una de esas
sonrisas filosas, tan del carácter anglosajón, ha garantizado que las fábricas
existentes en suelo inglés seguirán funcionando e, inclusive, que el centro de
investigación que Astra Zeneca construye actualmente en la Universidad de
Cambridge, será terminado sin contratiempos. Entre anglos de ambos lados del
Atlántico no se sacan la suerte y el parche que llevan en uno de
sus ojos, en ambos casos, son inocultables. Ninguno le cree al otro. Menos cuando
muchos recuerdan una promesa idéntica, que hiciera la empresa gringa-americana
Kraft Foods, la que al comprar la fábrica de chocolates Cadbury se comprometió a
no cerrar ni una de sus factorías ni talleres. Al poco tiempo, los
gringos-americanos, los cerraron todos y los gringos- británicos tuvieron que
tragarse la humillación.
(En Chile la palabra de
un corsario, de un pirata, o de un angloparlante cualquiera, pesa una tonelada.
Hasta ante un castellano ríspido nos inclinamos dóciles. Confiamos en ellos
hasta la saciedad. Al punto que, hasta hoy, uno de sus descendientes guía a las
gentes de Chile, ética, política y socialmente desde el diario más antiguo de
habla hispana.)
(Un detalle: es un secreto
a voces que la Pfizer solamente pretende, con la compra de Astra Zeneca,
evadir, eludir, escaquear impuestos. "Elusión" voceamos en voz baja y
sin decoro en nuestra larga y angosta tierra, no sea que se ofenda o espante un
inversionista).
Como si todo aquello fuese
poco, en Estados Unidos, encabezados por los Departamentos del Tesoro y
Defensa, más de diez agencias federales, participan en una “Comisión de
Inversiones Extranjeras” (Committee on Foreign Investment in the United States.
CFIUS) las que juzgan si se otorga una autorización para que capitales
extranjeros ingresen a EE.UU..
Las razones más comunes que
se dan para impedir el ingreso de capitales foráneos al territorio gringo son
“seguridad nacional” y “sectores cruciales y/o fundamentales para el país”.
Más aún. No sólo la CFIU impide el ingreso de capitales extranjeros a EE.UU. también las protestas del Congreso y la “prensa libre” del país. No hace mucho (2006) el gobierno de Dubai por intermedio de una empresa estatal, quiso comprar 6 terminales portuarios de Nueva York. Fue tal la “presión patriótica” norteamericana, que como podemos imaginar: Dubai desistió de la compra.
Ronald Reagan y Margaret
Thatcher deben estar revolcándose en sus tumbas y la indignación debe alcanzar
al mismísimo Milton Friedman por estos devaneos liberticidas en EE.UU.,
Inglaterra y Francia.
Por nuestro lado, así sea
modesto, convengamos que Augusto Pinochet, en su malévolo carácter ladino, debe
regocijarse y sacar pecho, por cuanto, en su país (el nuestro) a nadie que
venga a “invertir” y “comprar” se le pone obstáculo, cualquiera sea el lugar
del planeta de donde provenga y cualquiera sea “la cosa” que le apetezca, pues,
como se dice y repite, ello traerá empleo y bienestar.
No faltaba más.
(Dile al tonto que tiene
fuerza).
Fuente: Excelsior 17/05/2014
(1) paráfrasis de una expresión de Roberto Bolaño
(1) paráfrasis de una expresión de Roberto Bolaño
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