martes, 2 de abril de 2013





CONTRA LA CUARTA REPUBLICA DE CHILE,


DESDE SUS MÁRGENES


 Guillermo Arenas Escudero
 



"...vivimos en una multitud de decorados.”
Michel Foucault

Luego de sobrevivir a 17 años de dictadura y de sobrellevar otros 23 de gobiernos civiles, (en alguno de los cuales participé activamente y en uno de ellos con entusiasmo) los chilenos vivimos en la plenitud de un nuevo orden republicano: La Cuarta República de Chile.

Un orden republicano desafiado por los movimientos sociales y particularmente por los estudiantes, pero en su plenitud.

En su momento sacó adelante sus tareas esenciales y la institucionalidad binaria que creara conserva “el nuevo orden” en lo medular.
Por cierto que hizo sus tareas, repasemos las sustanciales:

1°.- Consiguió con éxito (y vaya qué éxito) el tránsito, traspaso, transferencia, o como se le quiera llamar, de las riquezas públicas al “sector privado”. En rigor, ha sido la peor expoliación de toda la historia de Chile.  
2°.- Dispuso de una nueva manera para adquirir el conocimiento y el saber, que se impuso sin contrapesos.
La educación, la cultura, la circulación de los bienes simbólicos, tuvieron un giro copernicano.

La educación pública dio paso a la privada y en la privada el lucro sentó sus reales. Lo inimaginable en el orden republicano anterior (1925-1973) pasó de pesadilla a realidad: el desmantelamiento consciente y planificado de las escuelas, liceos y universidades estatales superó a la ficción y a todo espanto.
Así, los discursos, en todos los campos, y en especial en el político, se ajustaron rápidamente a las nuevas verdades, proclamadas por ("les savons")  los que saben. Por los que “entienden técnicamente” de economía, de ciencias, de todo.

3°.- Las relaciones de trabajo se degradaron y deformaron hasta la completa asimetría, culminando (con aquiescencia gubernamental) en una relación de dominación franca y abierta. Más aun, se terminó a-normalizando la actividad reivindicativa de las organizaciones sindicales, machacando desde los medios “el perjuicio” que provocan las huelgas a los consumidores y a “todos los chilenos”, especialmente a la “gente común y corriente”, "a la que vive de su trabajo", "a la que...si no trabaja no come".
No hay registro en la historia del país de una situación tan adversa para los trabajadores.

4°.- La instituciones políticas: Gobierno y Poder Judicial, funcionan en los estrechos márgenes de la camisa de fuerza constitucional.
El Parlamento castrado de atribuciones relevantes, aún permanece donde el dictador quiso dejarle.

Una apariencia de cesarismo presidencial clásico, hace de la Presidencia de la República, el mayor decorado de la IV República. Cualquier cambio relevante requiere de quorum calificado en un Parlamento notoriamente asexuado y, el Parlamento, para cualquier ley de mediano tamaño, requiere del oropel de la Presidencia.
El Estado (status) con sus entramados institucionales, sus mecanismos y dispositivos de poder, se ajustó rápidamente al nuevo andamiaje, de forma que el triángulo saber-poder-estado dio eficaz cuenta de esta nueva res-pública: ¡la IV República de Chile!.

En lo esencial, este “status” de las cosas, este nuevo orden de la “polis”, esta república cuarentona, se ha afianzado y, transcurridas cuatro décadas, no sólo no ha variado su naturaleza primigenia, sino que, gobierno a gobierno (Pinochet, Aylwin, Frei R-T, Lagos, Bachelet y Piñera) mutatis mutandi, se ha consolidado. (Doy de gratuito el gatopardismo ramplón de las 59 reformas la frustrada "Constitución de Lagos").
Detrás (la verdad que adelante y a los lados también) con poca discreción y sin melindres, el dinero domina la escena sin pudor. Chile ha llegado a constituirse en el "capitalismo soñado". Su capacidad depredadora lo eleva a modelo de culto en el mundo financiero, extractivo y “almacenero”  internacional, para orgullo de sus fundadores criollos.

En ese estadio, en el último tiempo, los movimientos sociales y en particular los estudiantes, han desafiado al modelo.
Extrañamente, con su irrupción súbita, los estudiantes reponen la política como la herramienta principal para desafiar el orden republicano vigente. Desde la campaña del No que no emergía una fuerza social suficiente para cuestionar el status, el estado de las cosas, el status res pública.

Sabemos que el consenso y la fuerza militar, impiden la política. Son de muchas maneras, las fronteras de la política. Luego del triunfo militar y de la imposición sin más del nuevo orden, no vino como esperábamos la política, sino el consenso. Entre la violencia militar y el consenso medió solamente el breve ínterin: la campaña del NO. (Las protestas contra la dictadura y la campaña del NO fueron momentos en que la liberación de energía social por los cambios hizo renacer la política)
El movimiento estudiantil, rompió el consenso. La política está de vuelta. El orden institucional está desafiado. El régimen dispone de enormes fortalezas, pero está socialmente desafiado y las fuerzas que lo sostienen, están siendo arrastrados a la política. Los militares, en tanto, se repliegan a sus carteles, a sus desfiles, a sus entrenamientos...¡y vigilan!.

Desde los márgenes del modelo (o del sistema, o de la institucionalidad, o de la legalidad de la IV República, o como desee decirlo) se ha iniciado una marcha, la más relevante desde el inicio de los gobiernos civiles, para poner término al status res pública…a la Cuarta República de Chile y reemplazarla por otra.
Los ciudadanos han alentado a los estudiantes y los demás movimientos sociales les escoltan. Todos desde los márgenes.

Desde los márgenes, como siempre.

2 comentarios:

  1. Un comentario al margen: Durante la campana del NO y luego de las elecciones del 89, la clase politica decidio parar la mobilizacion social que queria llegar mas lejos y mandar al tirano a su casa (meta bastante moderada). Los acuerdos y "consensos" a los que se habian comprometido no les permitian llegar mas alla y no querian hacer peligrar la fragil "detente".
    Me parece que esta ves, aquellos que liderizan el movimiento social, han aprendido la leccion y no han puesto su fe en las mismas instituciones (y en muchos casos, las mismas personas) que los defraudaron en aquella coyuntura. Esta por verse si un movimiento social sin una hegemonia politica visible podra prevalecer.

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