Discurso masónico de Salvador Allende, pronunciado en la
Gran Logia de Colombia
(EXTRACTO,
CON ACENTO EN EL CONCEPTO
DE UNIDAD DE LAICOS,
MARXISTAS Y CRISTIANOS)
Pienso, mirando hacia el comienzo de mi vida, y aún joven,
que no recibí con facilidad el derecho de ser miembro de la Gran Logia de
Chile, porque había sido un estudiante rebelde.
Y si golpeé las puertas de la logia Progreso Nº 4 de
Valparaíso, lo hice con la profunda convicción y teniendo el acervo de los
principios masónicos inculcados en mi hogar y con mi abuelo, el querido hermano
Ramón Allende Padín, quien fue Serenísimo Gran Maestro de la Gran Logia de
Chile y fundador de la logia cuyas puertas se abrieron para mí en Valparaíso,
siendo la segunda en el país.
Tengo plena conciencia de que la orden no es ni una secta,
ni es un partido. Que al desbastar el hombre la piedra bruta, se preparará para
actuar en el mundo profano y es obligación de los masones actuar en él sobre
las bases de los principios permanentes de la masonería.
. . . . .
Por eso nuestro combate y nuestra decisión tenían que ser no
un cambio político, no el traspaso del gobierno de un hombre a otro, sino la
entrega de un régimen a un pueblo que quiere la transformación profunda en lo
económico, en lo político y en lo social. Para abrir el camino dentro de su
legítimo derecho al socialismo, Chile –he dicho, Serenísimo Gran Maestro– tiene
su propia historia, como la tienen los otros pueblos con sus propias
características. Y Colombia sella como Chile su vocación democrática y
libertaria.
Pero nosotros vivimos en 1938 una etapa distinta a todos los
pueblos de este continente y a la mayoría de los pueblos de Europa y de otros
continentes. Chile fue uno de los tres países del mundo en que hubo un
"Frente Popular". Y un masón radical, Pedro Aguirre Cerda, alcanzaba
el poder por las fases políticas del entendimiento entre el partido radical,
más que centenario, y los partidos: marxista, comunista, socialista y el
partido democrático.
En mi patria, y más allá de mi patria, se combatió la
posibilidad de la victoria del Frente Popular. Se echaron a vuelo las campanas
del terror y del pánico. Se habló de los "tontos útiles" para decir
que los comunistas y los socialistas se aprovecharían de los radicales para
instaurar una dictadura. Y Aguirre Cerda, radical de derecha, se engrandeció en
el ejercicio del poder porque vitalizó el contacto con el pueblo y su lealtad
hacia él.
. . . . . .
Durante más de un año dimos a conocer el programa de la
Unidad Popular –repito– integrada por laicos, marxistas y cristianos, por
hombres de la pluma, del arado y del riel. Nadie que lo quiso, dejó de conocer
por qué luchábamos y para qué luchábamos. Siempre sostuve que era difícil ganar
en las elecciones, que era más difícil asumir el gobierno, que aún era más
difícil construir el socialismo.
. . . . .
Una impresionante cruzada se gestó en el 69 para diseminar
el pánico de la persecución religiosa, el temor de que fueran eliminadas las
Fuerzas Armadas de Chile, de que fuese suprimido el Cuerpo de Carabineros;
argumentos sencillos, pero capaces con su maldad encubierta, de ser asimilados
para negarnos los votos que necesitábamos.
. . . . . .
Hemos planteado una revolución auténticamente chilena, hecha
por chilenos, para Chile. No exportamos la revolución chilena, por razones muy
sencillas: porque algo sabemos de las características de cada país. Para
exportar democracia y libertad tiene que haber algunas condiciones que no
tienen la inmensa mayoría de los pueblos latinoamericanos.
Por eso es que entre hermanos, en la Gran Logia de Colombia,
pueden darse cuenta ahora de la sinceridad de nuestra postura de no
intervención. Es la entrega franca del planteamiento de un hermano, frente a
hermanos. La batalla nuestra es muy dura y muy difícil porque,
indiscutiblemente, para elevar las condiciones de vida de nuestro pueblo,
necesitamos hacer las grandes transformaciones revolucionarias que hieren
intereses: intereses foráneos, el capital extranjero, intereses imperialistas,
intereses nacionales de los monopolios y de la alta banca.
. . . . .
Si viejas instituciones como la Iglesia ven transformarse el
contenido de su propia existencia; si los obispos reunidos en Medellín hablan
un lenguaje que pudiera haber sido revolucionario hace 5 ó 10 años atrás, es
porque comprenden que el verbo de Cristo tienen que recuperarlo para que la
Iglesia se salve como institución, porque si la ven siempre comprometida con
los intereses de unos pocos, nadie va a creer mañana en la verdad de la
enseñanza del que la dio: el maestro de Galilea, considerado, por mí por lo
menos, como hombre.
Es por eso que yo pienso y sueño. Sueño en la noche de la
iniciación, cuando recordaba estas palabras: que los hombres sin ideas
arraigadas y sin principios son como las embarcaciones; que perdido el timón,
encallan en los arrecifes.
Yo quiero que los hermanos de Colombia sepan que no voy a
perder el timón de mis principios masónicos. Es más difícil hacer una revolución
en que no haya costo social y es duro estrellarse contra poderosos intereses
internacionales y poderosos intereses nacionales.
Pero lo único que quiero es llegar mañana, cumplido mi
mandato, y entrar por la puerta de mi templo, como he entrado ahora siendo
Presidente de Chile.
Nota del Blog: existe el prurito que ser de alguna izqierda (cualquiera de ellas) conlleva la necesidad de ser ateo y/o anticlerical, necesariamente. Allende en esto dejó un mensaje muy claro. Este discurso lo pronuncia Allende siendo Presidente de la República, poco después de su intenversión ante el Congreso colombiano.
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