sábado, 21 de diciembre de 2013

UN TRIUNFO SIN FERVOR


Guillermo Arenas Escudero


Apenas asomaba la noche, antes que amainara el calor, cuando se anunció la victoria electoral de la ciudadana Bachelet Jeria, Verónica Michelle.

El 15 de diciembre, media hora después del cierre de las urnas, se había convertido en la Presidenta electa.

Luego vino el discurso de rigor desde el frontis del Hotel Plaza San Francisco. En seguida, la Sonora de Tommy Rey se hizo cargo de los festejos. "Se Murió Tite" se repitió una vez y otra, mientras la gente bailaba en el mismo espacio que un día ocupara la Pérgola de las Flores, en ese recodo de la Alameda de las Delicias a las puertas de la franciscana iglesia más antigua de Chile.

Sin embargo, hubo un ausente que mezquinó su brillo y se hizo notar: el fervor.

Con todo, la noche del 15 hubo público suficiente, a diferencia de la primera vuelta que entrañó una completa pesadilla obtener masa crítica suficiente para la ceremonia.

Cuarenta y tres años antes, el 4 de septiembre, desde los balcones de la FECH, a menos de 200 metros de ese mismo lugar, Salvador Allende le dirigió la palabra a una multitud que tenía el corazón apretado, en actitud casi de oración. Además, con el rabillo del ojo, vigilaban a quien quisiere escamotearles la victoria.

Fervor abundó, más bien sobró, esa noche primaveral de 1970.

Fervor, fue lo que no hubo la noche de este 15 de diciembre.

No se pretende comparar ambas victorias.

También fervor hubo, y en abundancia, la noche del triunfo de don Pedro el 25 de octubre de 1938, tanto como el que invadió la Alameda el  viernes 4 de septiembre del ‘64 cuando Eduardo Frei Montalva saludara a una muchedumbre emocionada.

El fervor se ha convertido en un bien escaso, por lo mismo, sumamente apreciado, mal que mal vivimos en una economía de mercado.

Seguro que deambula perdido por allí, esperando asaltar una buena causa. Cuando se dice una buena causa, se dice, una que valga la pena. De aquellas que exigen un pedazo de la vida.

En Chile, los triunfos presidenciales de los progresistas de cada época fueron fielmente acompañados por el fervor popular.

Ni qué decir cuando venció la Unidad Popular. Un detalle no menor: Ganó la Unidad Popular, se decía, encabezada por Allende, cierto, pero era la UP la triunfante: ¡el pueblo!. Y así fue que se cantó con infinito fervor, esa noche tensa y glamorosa “Aquí va todo el Pueblo de Chile, aquí va la Unidad Popular…”. (1)

Los hijos de la doctrina social de la Iglesia Católica, deben haber sentido lo mismo cuando escucharon a Frei (padre) el día de su victoria. Un fervor enorme venía creciendo desde que iniciaran aquella campaña. En ocasiones me he imaginado el estremecimiento de los demócrata-cristianos con el famoso discurso aquél: “Ahí vienen, padre, quiénes son?...Son la Patria, hijo, la Patria Joven…son la Patria gracias a Dios”. 
Así, lo declamó Frei Montalva, a todo pulmón, en el invierno de 1964, en plena contienda, al recibir la señera Marcha de la Patria Joven. Recuerdo hasta hoy ese fervor cuando ellos cantaban su “Brilla el Sol. (2)

Los de la Patria Joven y de la Unidad Popular con fervor atisbaron futuros de esperanzas, de sueños, hasta un pinchintún de aquello hubo la noche del triunfo de Aylwin en la que se voceó: “…se siente en el aire que Gana la Gente. Gana la Gente su libertad, Ya viene el tiempo de la verdad. Gana la gente justicia y paz…Dulce Chile recibe a tu gente…” (3)

La noche del 15 el fervor no asomó por lado alguno, ni por ELLA ni por la Nueva Mayoría.

Muchas veces me imaginé entonadas por miles las viejas canciones del ’38. Más aún, percibo fresco el fervor que provocara ese discurso tan extremo y extremista, como para dejar caer sobre el tribuno que lo pronunciara (si lo hiciera hoy) un batallón completo de Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile:
“Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud es necesario que sea: GRATUITA, ÚNICA, OBLIGATORIA y LAICA” (Su Excelencia, el Señor Presidente de la República, don Pedro Aguirre Cerda ante el Congreso Pleno). (4)

Convengamos que por estos días ni los propios radicales se atreverían a pedir educación ÚNICA. Ni siquiera se les cruzaría por la cabeza a los socialistas o a los comunistas.

Pero no crean ustedes que el fervor es veleidoso o se niega asomar por simple capricho.

Se dice, se cuenta, se murmura, que la última vez que el fervor se dejó ver por estas tierras nuestras de fin de mundo, fue a mediados de agosto del 2011.

Mientras Carabineros se guarnecían al interior de sus zorrillos y guanacos, 100.000 estudiantes en Santiago (200.000 en todo el país) marcharon con sus paraguas abiertos cubriéndose así de la lluvia y la nieve. Un rumor bien fundado dice que los muchachos y las muchachas, esa mañana exudaban fervor por todos los poros de sus cuerpos y que la nieve no quiso perderse la fiesta. 

No estaría de más que la coalición triunfante reflexionara sobre ello, pues como saben los prudentes, un triunfo sin un pueblo fervoroso, si bien es una victoria válida, carece de gloria.

En una de esas…el fervor se apiada de todos nosotros.

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lunes, 25 de noviembre de 2013

ALGUIEN DEJÓ ABIERTA UNA VENTANA
EN LA ESCUELA DE DERECHO


Guillermo Arenas (Escudero por las madre)
Este artículo fue escrito para "El Pilín":
http://www.elpilin.cl/alguien-dejo-abierta-una-ventana-en-la-escuela-de-derecho/


Se cuenta que Fleming en el caluroso verano europeo de 1928 se tomó tres semanas de vacaciones. Para fortuna de todos nosotros, Fleming, que era un despelotado, arrancó de la canícula dejando abierta una ventana de su laboratorio.

Al volver, Alexander Fleming se percata que en una cápsula de Petri, en la que experimentaba con la temible bacteria staphylococcus aureus, un moho producido por una colonia de hongos, que se habían colado por la ventana, no habían dejado bacteria con cabeza.

¡La penicilina estaba descubierta!

Por casualidad, es cierto, pero a quién le importa, si mata bacterias.

Pasaron varios años antes que el trabajo de Fleming fuera reconocido por la comunidad científica y su descubrimiento salvara vidas masivamente. Sir Alexander Fleming, recibió recién el Nobel de Medicina en 1945.

Traigo a cuento esta historia penicilínica porque me tinca, tengo el pálpito, que esta primavera, en uno de estos fines de semana largos, en los que Santiago se vacía, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, una ventana se quedó abierta.

Es poco común que los resultados de  elecciones de Centros de Alumnos sean  un tema en los medios, solamente atentos y preocupados de sus propias redondeces.  

La noticia era: En la Escuela de Derecho, las elecciones las ganó una lista con nombre de broma mechona: "retroCEDamos".

Ante tan insólito, singular y sorprendente suceso, llamé a mis contactos leguleyos para anoticiarme debidamente de lo ocurrido.

Todo había tenido su origen en una rosca intestina entre colectivos de izquierda (lo de colectivo sólo lo repito, no entiendo mucho de tectónicas sociales post modernas).

Factum: las izquierdas, sencillamente no se ponían de acuerdo en una lista unitaria para las elecciones del Centro de Estudiantes de Derecho.

Seamos justos, la unidad ha sido siempre un bien escaso. Antíguamente, su ausencia se enmascaraba en “cuestiones de principios”, se la proveía de base teórica, científica, filosófica, política y ética. (Para llorar)

Además, cualquiera que lance una mirada al futuro verá a una parte de las izquierdas en el Gobierno y a otras en la Oposición.  No es necesario consultar un oráculo para profetizar las montañas de descalificaciones mutuas que lloverán.

Pongo alguna esperanza en que mejorarán los estilos y los estiletes. Las izquierdas, en sus peleas familiares, suelen flaquear en la estética más que en la moralina. Al menos, que los dolores de las divisiones se compensen con un buen espectáculo. Advierto, eso sí, que el público se está poniendo exigente.

En medio de tantos argumentos y considerandos para dividirse (todos atendibles, razonables, lógicos, hijos legítimos o putativos de la consecuencia o la razón de Estado) un pequeño grupo (siempre los que dejan grandes tendaladas parten siendo pocos) se hastió de tantas payasadas y optó por una acción rocambolesca.

“A este circo le faltan payasos” se dice que dijeron, (tal es la notoriedad que ha cobrado “retroCEDamos” que ya hay versiones disímiles, no sólo respecto de la historia fidedigna de los acontecimientos, sino también del espíritu que reinó en la ocasión y también sobre la voluntad cierta y sincera de sus actores).

En concreto, como se sabe, este grupo de disidentes, se presentó a las elecciones y las ganó.

Tengo la esperanza (esa esperanza verde que nunca abandono) que durante el próximo gobierno, cuando arrecien las mismas payasadas que han justificado, justifican y justificarán, las divisiones de la izquierda, surja un grupo como “retroCEDamos”, levante su propia carpa y se lo lleve todo por delante.

Llegada la hora, serán de gran utilidad un poco de aquellos hongos (sanadores de infecciones) que esta primavera pareciere se deslizaron sin permiso de nadie, por los ventanales de la Escuela de Derecho, airearon al ambiente y, pasado el estupor de los profesionales de la política, se adueñaron, sin más, de toda la escena.

Sólo una petición a los nuevos dirigentes del Centro de Derecho:


¡No cierren las ventanas! 

miércoles, 30 de octubre de 2013

OBAMA
  Y LA GUERRA DEL PELOPONESO

Guillermo Arenas Escudero

Barack Hussein Obama. Es el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América.
Sus críticos le agregamos con sádica (o masoquista) fruición su título de nobleza internacional: Premio Nobel de la Paz 2009, por el cual se le colgó una medalla de oro, se le entregó sendo diploma y US$1.400.000, lo que no es mucho, en esas alturas, pero para algo alcanzará.
Cobra su remuneración mensual con la frente en alto. Cumple con devoción cuáquera las obligaciones propias de un Presidente de los Estados Unidos de América.
Hace lo que han hecho con rigor espartano, todos los emperadores de todos los tiempos. Nerón y Calígula, en Roma. Adolfo y José en la Europa de la primera mitad del S.XX, Isabel e Isabel, esas orgullosas y soberbias colonialistas de las islas británicas y la península ibérica.
Obama tiene sus “martes terroristas”(1) en los que se reúne en alguno sus bunkers o en la mismísima oficina oval (cuyo sillón del escritorio principal, casi se viene a Chile) y resuelve a quién dejará caer un drone en el curso del resto de la semana, es decir, decide, quién vive, quién muere, en Túnez, Libia, Siria, Afgasnistán y se podría seguir hasta copar casi todos los asientos de la ONU.
Obama es la encarnación de las tradiciones imperiales. Qué duda cabe.
Tiempo atrás, (en verdad hace como cuatro años) un sobrino, un hijo de alguno de mis amigos, quizá uno de los míos, con esa sagacidad propia de los jóvenes y de los viejos más ladinos, me disparó por el flanco izquierdo la siguiente frase: "Pucha que jode la gente de su generación tío (o papá) con eso del imperialismo".
Como en aquel tiempo aún gozaba de cierta autoridad, le miré con fingida severidad y le sentencié a leer parte de la "Historia de la Guerra del Peloponeso" de Tucídides. Hallarlo fue toda una proeza. Lo encontramos en uno de mis más antiguos anaqueles. Hoy todo es más fácil, se puede "bajar" de la web en todas las versiones y en todos los formatos.
Tomé el libro y sacrifiqué su pulcra impresión rayándolo con uno de esos lápices rojo-azul de carpintero que me gustan tanto para los menesteres de resaltar lo que me interesa. No pretendía mostrar la historia de la Hélade, sino solamente, y apenas, como se comportaba en esos tiempos un hacedor de imperialismos.
Como se sabe la del Peloponeso (431-404 a.C.) fue una larga guerra, en tres tiempos, en la antigua Grecia, entre Atenas y Esparta, en torno a las cuales se agrupaban el resto de las ciudades.
Los párrafos y diálogos que marqué en aquella ocasión fueron, más menos, los siguientes:
Estos sucesos ocurrieron aquel invierno del décimo quinto año de esta guerra.
Los atenienses enviaron  otra armada de 30 barcos contra la isla de Melos. Iban 1.200 hombres de guerra muy bien armados y 300 flecheros y 20 caballos ligeros.
Estaban al mando de Cleomedes y Tisías, quienes antes que hiciesen mal ni daño alguno a los de la isla, enviaron embajadores a los de la polis para que parlamentasen con ellos.
(Embajadores atenienses): Varones melios, no será menester hacer largos razonamientos para mostraros que tenemos una justa causa para comenzar la guerra contra vosotros. Cuando los más flacos y débiles contienden y luchan sobre aquellas cosas que los más fuertes y poderosos les piden o exigen, es mejor y más conveniente ponerse de acuerdo con los débiles, para conseguir el menor mal y daño posible.”
(Melios): Nosotros queremos conservar aquello en que consiste nuestro bien común, que es nuestra libertad.
(Embajadores atenienses): Hablemos sobre lo que toca a nuestro señorío y a vuestro bien y el de vuestra polis y república. En cuanto a esto os diremos claramente nuestra voluntad e intensión: queremos de todos modos tener mando y señorío sobre vosotros, porque será tan útil y provechoso para vosotros como para nosotros.
(Melios): ¿Cómo puede ser tan provechoso para nosotros ser vuestros súbditos y para vosotros ser nuestros señores?
(Embajadores atenienses): Os es ciertamente provechoso, porque más vale que seáis súbditos que sufrir todos los males y daños que os puedan venir a causa de la guerra; y nuestro provecho consiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y destruiros.
(Melios): Gran vergüenza y cobardía nuestra será, si estando en libertad, como estamos, la dejáramos perder y no hiciéramos todo lo posible antes de caer en servidumbre.
(Embajadores atenienses): Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Estamos aquí por el bien de nuestro imperio y lo que les decimos es para la salvación de vuestro país, porque queremos ejercer nuestro dominio sin causar ningún trastorno y que os salvéis, tanto por vuestro interés como por el nuestro. (2)
La guerra del Peloponeso continuó por largos y muchos años. Pero esa es otra parte de la misma historia, lo que acá nos interesaba era contestar la pregunta con caracteres de interpelación, hecha (ahora me acuerdo) por mi sobrino más querido, que a la sazón tenía alrededor de 14 años.

Buen provecho, le dije finalmente, no sin antes advertirle que en materia de servidumbres y sometimientos aún queda mucho por escribirse. Añadí, mirándole fijamente, que el alma de los yanaconas ronda y reina en nuestros países, La costumbre de someter gente ni siquiera tiene que ver con el color de la piel . Para terminar, le amenacé fieramente: “si no te has convencido que Obama es un Emperador, te mando a leer la “Historia de la Guerra del Peloponeso” ¡¡entera!!.
Creo que fue suficiente.

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(1)  “La Guerra de los DRONES” Artículo de Jorge Luis Volpi, publicado en su Blog "El Boomeramn", el 17 de marzo de 2013.
(2)  No se trata de una o varias citas, aunque en buena parte lo son, sino de una versión libre de “Historia de la Guerra del Peloponeso” de Tucídides tomada del texto con traducción de Diego Gracián   (http://www.enxarxa.com/biblioteca/TUCIDIDES%20Guerra%20del%20Peloponeso%20_BCG_.pdf              También se usó el epígrafe del libro “Por el Bien del Imperio” de        Josep Fontana. Pasado-Presente         Barcelona.

viernes, 11 de octubre de 2013

EL NO

Guillermo Arenas Escudero

Por estos días de aniversario muchas noticias y actos de proselitismo circundaron el NO. Algunos columnista habituales de la prensa, abordaron el asunto que remeció al país hace 25 años, con un par de artículos por acá y otros por acullá.
La gente es dueña del NO. Nadie les podrá quitar su pertenencia. La adquirió en la época del espanto. Como se dice en estas tierras de fin de mundo: "Ese derecho se lo ganaron bien ganado".
Pasados los años, se quedó con ese nombre: el NO. La campaña del NO. La gesta del NO. El plebiscito del NO. Los apoderados del NO. Los puerta a puerta del NO. La franja del NO. La época del NO. Incluso anida, en nuestros recuerdos, con su música propia: "Vamos a decir que NO".
Muchos son los interesados en trivializar el NO. Por de pronto, la ultraderecha y el militarismo criollo enseñoreados en los cuarteles hasta el día de hoy. El Mercurio y La Tercera lanzaron al ruedo a sus plumarios para diluir su relevancia. Licuarla. Ojalá gasificarla.
Al otro lado de la vereda de nuestra binaria sociedad, los "progres" tienen apañado al NO. Lo exhiben como si les hubiere salido un hijo inteligente (mejor aún, bueno para la pelota). Algo así como la última tabla de salvación de una ética náufraga de la cual quedan un par de recuerdos lejanos, pero todavía útiles.
La nomenclatura de los partidos que participaron del NO (inpulsándolo) lo celebran (conmemoran) lo más lejos posible de los actores esenciales del acontecimiento: la gente. Lo exprimen, eso sí, con fruición, en actos de campañas desaprensivas, en busca de los extraviados.
Con todo (a pesar de todo) el NO, se presenta como uno de los pináculos de los movimientos sociales y ciudadanos de la historia de Chile. "Porque puso término a la dictadura de Pinochet" musita contenta la mayoría.
A 25 años del acontecimiento, resulta pertinente (quizá indispensable) preguntarse sobre la naturaleza del NO. Al menos no es ocioso.
Qué es el No.
No, qué fue, sino, insisto, qué es el NO.
Qué significado tiene en tanto acontecimiento actual. La pregunta se refiere al NO como un hecho del presente. Acontecimiento actual que vivimos como actores y espectadores simultáneamente.
No es un pregunta original (tampoco se pretende).  Interrogarse sobre el presente, es uno de los signos más inequívocos de la modernidad, al menos desde fines del siglo XVIII.
Notable es un texto de Michel Foucault(*) que da cuenta de un periódico alemán, el Berlinische Monatschrift, que tenía el buen hábito de plantear a sus lectores preguntas abiertas, muchas de cuyas respuestas hoy son legendarias, memorables. En diciembre de 1784 se publicó una de Kant a la pregunta: "Qué es la Ilustración". Años después, en 1879, el filósofo respondería a la pregunta más acuciante de su tiempo: "Qué es la revolución", referida obviamente a la francesa.
Guardadas las proporciones (y la colosal magnitud de los personajes citados) pero acicateados por lo mismo, "Qué es el NO", es una pregunta pertinente. Baste con dar cuenta del tembloral histórico que provocó el NO en Chile y las repercusiones, mayores y menores, que hubo en muchos lugares del mundo, para hacerla atingente.
Se escucha decir que el NO fue una manera decente, de los militares, de  entregar el poder. Algo así como "16 años era mucho tiempo". Un argumento procaz, sin dudas.
Se sostiene, en aulas universitarias inclusive, que se trató de un acto democrático, convocado por razones de Estado. De un plebiscito ratificatorio de la presidencia que ostentaba Pinochet, que proponía extenderla por 8 años más. Tan peregrina tesis lleva al absurdo de aceptar que una convocatoria a elecciones o plebiscito de cualquier dictadura, devendría en la transfiguración de esa dictadura en un régimen democrático.
Por ahí se sentencia: se trató del momento culminante de la acumulación de fuerzas políticas y sociales que fueron, finalmente, capaces de derribar la dictadura. (Para llorar).
Los guarismos del resultado tampoco importan. Por lo demás, nadie podría asegurar, en rigor, que el 55,9% del NO y el 44,01% del SI, son cifras auténticas, o morigeradas, o pactadas, lo que abunda en contra del carácter auténticamente democrático de ese plebiscito.
Recordemos que nueve meses después del NO hubo una segunda patita plebiscitaria. El 30 de julio de 1989 se convocó a las urnas a ratificar 54 reformas a la Constitución del ’80 que la dupla Boeninger-Correa pactaron (debidamente mandatados) con el entorno del Comandante en Jefe del Ejército de Chile, es decir, del dictador. Esta vez el resultado fue: 91,25% para el Sí y 8,75% para el No. El fantasma de una Asamblea Constituyente quedaba de esa manera espantado. Qué guarismo, no? Impresionante! ¡¡91,25% contra 8,75%!! (¡¡Hay, gran Nicanor!! Cómo no te tomamos en cuenta cuando nos advertiste que la derecha y la izquierda unidas jamás serían vencidas).
De entre los columnistas que se han referido al NO, uno de dotes comunicacionales, lobista nato, concluye que se trató, en verdad, de la derrota de aquellos civiles contumaces que, encabezados por Jaime Guzmán, alimentaron teóricamente, durante los 16 años, a la dictadura. (Vaya, innecesaria vuelta de tuerca)
Esos análisis y otros análogos pueden resultar finalmente acertados, sin embargo, nos deja lejos de descubrir, o al menos entrever, la naturaleza del NO.
En el ya referido texto de Foucault hay un aserto muy atingente a la cuestión de la sustancia del NO (cito): “Lo que es significativo es la manera en que la revolución se hace espectáculo, es la manera en que es recibida en todos lados por espectadores…que la miran…que asisten a ella…”.
Es lo que ocurre con el NO. Al hacerse espectáculo, todos nos transformamos en espectadores.
El No (como la revolución) muestra a todos sus espectadores, que el poder absoluto puede ser derrotado. No importa el poder que tenga la dictadura. De hecho, cae a vista y presencia de todos sin que nadie pueda evitarlo, en medio de un espectáculo sobrecogedor. Ni siquiera la fuerza militar incontrarrestable de que disponía esa noche el tirano pudo evitar su caída. El poder total, se derrumbó de un momento a otro.
El anuncio de los resultados del acto electoral mismo fue el clímax del NO como espectáculo. Dos de la madrugada del 6 de octubre. Un actor, el Subsecretario de Interior de la dictadura, millones de espectadores criollos y extranjeros. Gana el NO, la dictadura es derrotada, el poder absoluto rueda por el suelo. Vencer es posible. Se instala instantáneamente (y para siempre) en la conciencia de todos los espectadores, la convicción que no hay poder invencible, ni dictadura inexpugnable. Los espectadores, desde ese momento adquieren conciencia que la derrota del poder total, que presencian, será posible por siempre. Se ha transitado de un estado de minoría de edad y un estado de adultez, de dominio sobre el propio destino, para decirlo en las kantianas palabras de la Ilustración.
Así como en Francia a la Revolución le sucede finalmente el Terror, el Imperio Napoleónico y la misma Restauración, carece de importancia que los propósitos del NO de democracia plena, recuperación de los bienes públicos y sociales, etc., hayan quedado en el camino, sea pactados, sea transados, sea traicionados. Carece de importancia respecto del sentido que tiene el NO. Para su esencia.
El NO es el momento que el ejército “jamás vencido” es derrotado por su propio pueblo.
El NO es la demostración y la prueba de la derrota del poder total y absoluto, así sea que se apoye en un poderoso y disciplinado ejército que durante toda la dictadura se deshonró a sí mismo.

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(*) ¿Qué es la Ilustración? Michel Foucault. Alción Editora. Córdova, Argentina. 1996. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Señor(a) juez(a)
Cómo se hace una cazuela de ave?


Guillermo Arenas Escudero


Entre los muchos relatos que circulan y se trasmiten de promoción en promoción entre los estudiantes de derecho de la Universidad de Chile hay uno legendario y de suyo sabroso.
Se cuenta que don Arturo Alessandri Rodríguez (primogénito del “León de Tarapacá” y hermano del “Paleta”, como se sabe, ambos Presidentes de Chile) siendo Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales por allá en los años que corrieron de los '20 a los '40, al tomar examen de grado a un alumno de vinoso apellido, y en medio de aquel momento tan solemne como tenso, le dejó caer, sin más, la siguiente pregunta:
-Dígame señor, cómo se hace una cazuela de ave? -.
El candidato a licenciado, desconcertado, a duras penas pudo balbucear en tono casi inaudible que no entendía la razón para tan extraña pregunta.
-Se trata- le dijo don Arturo al estudiante de leyes-que su tía Cristina, que es una gran amiga mía, me llamó ayer para pedirme que le hiciera solamente preguntas facilitas, petición que satisfago, solicitándole le explique a esta comisión examinadora, cómo se hace una cazuela de ave-.
Para llegar a alcanzar las altas cumbres de la Excelentísima Corte Suprema y ser contado entre sus miembros, un juez o jueza debe recorrer un camino largo y sinuoso.
A los magistrados aspirantes a supremos, los pasos finales de ese largo camino les resultan escabrosos, molestos y hasta enojosos. Sus declaraciones a la prensa denotan un talante agrio y un estado de ánimo desasosegado.
Algunos, y lo hacen con una convicción conmovedora, llegan a estimarlos un riesgo para la indispensable independencia que exige el ejercicio de sus potestades.
Repasemos la fase final de este camino que les rezume calvario.
En primer lugar, deben obtener los votos suficientes, en la Corte  Suprema para figurar en una nómina de cinco. Esa quina, se le hace llegar a S.E. el Presidente de la República.
(Para “apurar esta causa” daré por sana la elección de la quina. La declaro libre de toda sospecha lobista y a sus deliberaciones inocuas e inocentes, amén de exentas de cualquier sombra de nepotismo).
En segundo lugar, el Presidente debe optar por uno de los cinco. Sólo por uno y enviar su nombre al Senado. (Pasemos también por alto los criterios que se usan en el Palacio de La Moneda para dirimir entre los pretendientes, pues de seguro que los espíritus del estoico Séneca y Catón el Viejo, rondan el Patio de los Cañones y el de Los Naranjos y muy particularmente su segundo piso, cuando se trata del poder Judicial).
En tercer y último lugar, la Cámara Alta resolverá si acepta o se rechaza la augusta proposición. Un detalle: se requieren 2/3 de los Senadores para que se apruebe el nombre. En buen romance, esto significa que el candidato para ser nombrado supremo debe ser un “transversal” o, ser parte de una dupla pactada (uno afín a cada sector) Total, para eso son los quorums en nuestro eunuco orden institucional: para que funcione el binominal, hasta la esterilidad.
El punto crucial surge en el momento inmediatamente anterior a que el Senado vote. Su Señoría candidato a Ministro de la Corte Suprema, es escrutado sobre algunas de sus conductas en el ejercicio de la magistratura. Los más audaces hasta se atreven a explorar sobre la propensión democrática del candidato.
Este es el momento que incomoda a los jueces y sienten que son violados en sus derechos y dignidades. No son pocos los que apoyan estos remilgos. La majestad que requiere la Justicia sufre daños colaterales, dicen.
Hubo un postulante que aseveró, en el diario El Mercurio, que el Holocausto no fue tanto como se decía. Inmediatamente sus partidarios resintieron que le hubieren echado en cara esas declaraciones. Todos tenemos derecho a tener opiniones, se dijo.
Ni qué decir de las protestas airadas cuando los pretendientes a supremos son inquiridos para que den razón de sus sentencias contrarias a las normas que resguardan y protegen los derechos humanos. O, respecto de las sentencias que sistemáticamente se suscriben en franca violación de los derechos de los trabajadores. O, cuando con reiterada obstinación se inclinan en favor de las grandes empresas, en especial, de las empresas del retail y los bancos.
Tanto no les gustan esas preguntas a los (las) aspirantes, que hasta con cierto contenido enojo lo hacen ver en sus discursos de suprema investidura.
Bueno, para qué dar más vuelta a este asunto propio de épocas de intocables.
Mejor es recomendar a los Senadores la doctrina de don Arturo Alessandri Rodríguez cuando deban interrogar a los interesados(as) en integrar la Corte Suprema.
Valga la pregunta facilita esa:

Dígame señor Juez (o, señora Jueza)…cómo se hace una cazuela de ave?