UN TRIUNFO SIN FERVOR
Guillermo Arenas Escudero
Apenas asomaba la noche, antes que amainara el calor,
cuando se anunció la victoria electoral de la ciudadana Bachelet Jeria,
Verónica Michelle.
El 15 de diciembre, media hora después del cierre de las
urnas, se había convertido en la Presidenta electa.
Luego vino el discurso de rigor desde el frontis del
Hotel Plaza San Francisco. En seguida, la Sonora de Tommy Rey se hizo cargo de
los festejos. "Se Murió Tite" se repitió una vez y otra, mientras la
gente bailaba en el mismo espacio que un día ocupara la Pérgola de las Flores,
en ese recodo de la Alameda de las Delicias a las puertas de la franciscana
iglesia más antigua de Chile.
Sin embargo, hubo un ausente que mezquinó su brillo y se
hizo notar: el fervor.
Con todo, la noche del 15 hubo público suficiente, a
diferencia de la primera vuelta que entrañó una completa pesadilla obtener masa
crítica suficiente para la ceremonia.
Cuarenta y tres años antes, el 4 de septiembre, desde los
balcones de la FECH, a menos de 200 metros de ese mismo lugar, Salvador Allende
le dirigió la palabra a una multitud que tenía el corazón apretado, en actitud
casi de oración. Además, con el rabillo del ojo, vigilaban a quien quisiere
escamotearles la victoria.
Fervor abundó, más bien sobró, esa noche primaveral de
1970.
Fervor, fue lo que no hubo la noche de este 15 de
diciembre.
No se pretende comparar ambas victorias.
También fervor hubo, y en abundancia, la noche del triunfo
de don Pedro el 25 de octubre de 1938, tanto como el que invadió la Alameda el viernes 4 de septiembre del ‘64 cuando Eduardo
Frei Montalva saludara a una muchedumbre emocionada.
El fervor se ha convertido en un bien escaso, por lo
mismo, sumamente apreciado, mal que mal vivimos en una economía de mercado.
Seguro que deambula perdido por allí, esperando asaltar
una buena causa. Cuando se dice una buena causa, se dice, una que valga la
pena. De aquellas que exigen un pedazo de la vida.
En Chile, los triunfos presidenciales de los progresistas
de cada época fueron fielmente acompañados por el fervor popular.
Ni qué decir cuando venció la Unidad Popular. Un detalle
no menor: Ganó la Unidad Popular, se decía, encabezada por Allende, cierto, pero
era la UP la triunfante: ¡el pueblo!. Y así fue que se cantó con infinito
fervor, esa noche tensa y glamorosa “Aquí va todo el Pueblo de Chile, aquí va
la Unidad Popular…”. (1)
Los hijos de la doctrina social de la Iglesia Católica,
deben haber sentido lo mismo cuando escucharon a Frei (padre) el día de su
victoria. Un fervor enorme venía creciendo desde que iniciaran aquella campaña.
En ocasiones me he imaginado el estremecimiento de los demócrata-cristianos con
el famoso discurso aquél: “Ahí vienen, padre, quiénes son?...Son la Patria,
hijo, la Patria Joven…son la Patria gracias a Dios”.
Así, lo declamó Frei
Montalva, a todo pulmón, en el invierno de 1964, en plena contienda, al recibir
la señera Marcha de la Patria Joven. Recuerdo hasta hoy ese fervor cuando ellos
cantaban su “Brilla el Sol. (2)
Los de la Patria Joven y de la Unidad Popular con fervor
atisbaron futuros de esperanzas, de sueños, hasta un pinchintún de aquello hubo
la noche del triunfo de Aylwin en la que se voceó: “…se siente en el aire que
Gana la Gente. Gana la Gente su libertad, Ya viene el tiempo de la verdad. Gana
la gente justicia y paz…Dulce Chile recibe a tu gente…” (3)
La noche del 15 el fervor no asomó por lado alguno, ni
por ELLA ni por la Nueva Mayoría.
Muchas veces me imaginé entonadas por miles las viejas
canciones del ’38. Más aún, percibo fresco el fervor que provocara ese discurso
tan extremo y extremista, como para dejar caer sobre el tribuno que lo
pronunciara (si lo hiciera hoy) un batallón completo de Fuerzas Especiales de
Carabineros de Chile:
“Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con
toda amplitud es necesario que sea: GRATUITA, ÚNICA, OBLIGATORIA y LAICA” (Su
Excelencia, el Señor Presidente de la República, don Pedro Aguirre Cerda ante
el Congreso Pleno). (4)
Convengamos que por estos días ni los propios radicales
se atreverían a pedir educación ÚNICA. Ni siquiera se les cruzaría por la cabeza
a los socialistas o a los comunistas.
Pero no crean ustedes que el fervor es veleidoso o se
niega asomar por simple capricho.
Se dice, se cuenta, se murmura, que la última vez que el
fervor se dejó ver por estas tierras nuestras de fin de mundo, fue a mediados
de agosto del 2011.
Mientras Carabineros se guarnecían al interior de sus
zorrillos y guanacos, 100.000 estudiantes en Santiago (200.000 en todo el país)
marcharon con sus paraguas abiertos cubriéndose así de la lluvia y la nieve. Un
rumor bien fundado dice que los muchachos y las muchachas, esa mañana exudaban
fervor por todos los poros de sus cuerpos y que la nieve no quiso perderse la fiesta.
No estaría de más que la coalición triunfante
reflexionara sobre ello, pues como saben los prudentes, un triunfo sin un pueblo
fervoroso, si bien es una victoria válida, carece de gloria.
En una
de esas…el fervor se apiada de todos nosotros.
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