sábado, 21 de diciembre de 2013

UN TRIUNFO SIN FERVOR


Guillermo Arenas Escudero


Apenas asomaba la noche, antes que amainara el calor, cuando se anunció la victoria electoral de la ciudadana Bachelet Jeria, Verónica Michelle.

El 15 de diciembre, media hora después del cierre de las urnas, se había convertido en la Presidenta electa.

Luego vino el discurso de rigor desde el frontis del Hotel Plaza San Francisco. En seguida, la Sonora de Tommy Rey se hizo cargo de los festejos. "Se Murió Tite" se repitió una vez y otra, mientras la gente bailaba en el mismo espacio que un día ocupara la Pérgola de las Flores, en ese recodo de la Alameda de las Delicias a las puertas de la franciscana iglesia más antigua de Chile.

Sin embargo, hubo un ausente que mezquinó su brillo y se hizo notar: el fervor.

Con todo, la noche del 15 hubo público suficiente, a diferencia de la primera vuelta que entrañó una completa pesadilla obtener masa crítica suficiente para la ceremonia.

Cuarenta y tres años antes, el 4 de septiembre, desde los balcones de la FECH, a menos de 200 metros de ese mismo lugar, Salvador Allende le dirigió la palabra a una multitud que tenía el corazón apretado, en actitud casi de oración. Además, con el rabillo del ojo, vigilaban a quien quisiere escamotearles la victoria.

Fervor abundó, más bien sobró, esa noche primaveral de 1970.

Fervor, fue lo que no hubo la noche de este 15 de diciembre.

No se pretende comparar ambas victorias.

También fervor hubo, y en abundancia, la noche del triunfo de don Pedro el 25 de octubre de 1938, tanto como el que invadió la Alameda el  viernes 4 de septiembre del ‘64 cuando Eduardo Frei Montalva saludara a una muchedumbre emocionada.

El fervor se ha convertido en un bien escaso, por lo mismo, sumamente apreciado, mal que mal vivimos en una economía de mercado.

Seguro que deambula perdido por allí, esperando asaltar una buena causa. Cuando se dice una buena causa, se dice, una que valga la pena. De aquellas que exigen un pedazo de la vida.

En Chile, los triunfos presidenciales de los progresistas de cada época fueron fielmente acompañados por el fervor popular.

Ni qué decir cuando venció la Unidad Popular. Un detalle no menor: Ganó la Unidad Popular, se decía, encabezada por Allende, cierto, pero era la UP la triunfante: ¡el pueblo!. Y así fue que se cantó con infinito fervor, esa noche tensa y glamorosa “Aquí va todo el Pueblo de Chile, aquí va la Unidad Popular…”. (1)

Los hijos de la doctrina social de la Iglesia Católica, deben haber sentido lo mismo cuando escucharon a Frei (padre) el día de su victoria. Un fervor enorme venía creciendo desde que iniciaran aquella campaña. En ocasiones me he imaginado el estremecimiento de los demócrata-cristianos con el famoso discurso aquél: “Ahí vienen, padre, quiénes son?...Son la Patria, hijo, la Patria Joven…son la Patria gracias a Dios”. 
Así, lo declamó Frei Montalva, a todo pulmón, en el invierno de 1964, en plena contienda, al recibir la señera Marcha de la Patria Joven. Recuerdo hasta hoy ese fervor cuando ellos cantaban su “Brilla el Sol. (2)

Los de la Patria Joven y de la Unidad Popular con fervor atisbaron futuros de esperanzas, de sueños, hasta un pinchintún de aquello hubo la noche del triunfo de Aylwin en la que se voceó: “…se siente en el aire que Gana la Gente. Gana la Gente su libertad, Ya viene el tiempo de la verdad. Gana la gente justicia y paz…Dulce Chile recibe a tu gente…” (3)

La noche del 15 el fervor no asomó por lado alguno, ni por ELLA ni por la Nueva Mayoría.

Muchas veces me imaginé entonadas por miles las viejas canciones del ’38. Más aún, percibo fresco el fervor que provocara ese discurso tan extremo y extremista, como para dejar caer sobre el tribuno que lo pronunciara (si lo hiciera hoy) un batallón completo de Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile:
“Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud es necesario que sea: GRATUITA, ÚNICA, OBLIGATORIA y LAICA” (Su Excelencia, el Señor Presidente de la República, don Pedro Aguirre Cerda ante el Congreso Pleno). (4)

Convengamos que por estos días ni los propios radicales se atreverían a pedir educación ÚNICA. Ni siquiera se les cruzaría por la cabeza a los socialistas o a los comunistas.

Pero no crean ustedes que el fervor es veleidoso o se niega asomar por simple capricho.

Se dice, se cuenta, se murmura, que la última vez que el fervor se dejó ver por estas tierras nuestras de fin de mundo, fue a mediados de agosto del 2011.

Mientras Carabineros se guarnecían al interior de sus zorrillos y guanacos, 100.000 estudiantes en Santiago (200.000 en todo el país) marcharon con sus paraguas abiertos cubriéndose así de la lluvia y la nieve. Un rumor bien fundado dice que los muchachos y las muchachas, esa mañana exudaban fervor por todos los poros de sus cuerpos y que la nieve no quiso perderse la fiesta. 

No estaría de más que la coalición triunfante reflexionara sobre ello, pues como saben los prudentes, un triunfo sin un pueblo fervoroso, si bien es una victoria válida, carece de gloria.

En una de esas…el fervor se apiada de todos nosotros.

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