miércoles, 30 de octubre de 2013

OBAMA
  Y LA GUERRA DEL PELOPONESO

Guillermo Arenas Escudero

Barack Hussein Obama. Es el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América.
Sus críticos le agregamos con sádica (o masoquista) fruición su título de nobleza internacional: Premio Nobel de la Paz 2009, por el cual se le colgó una medalla de oro, se le entregó sendo diploma y US$1.400.000, lo que no es mucho, en esas alturas, pero para algo alcanzará.
Cobra su remuneración mensual con la frente en alto. Cumple con devoción cuáquera las obligaciones propias de un Presidente de los Estados Unidos de América.
Hace lo que han hecho con rigor espartano, todos los emperadores de todos los tiempos. Nerón y Calígula, en Roma. Adolfo y José en la Europa de la primera mitad del S.XX, Isabel e Isabel, esas orgullosas y soberbias colonialistas de las islas británicas y la península ibérica.
Obama tiene sus “martes terroristas”(1) en los que se reúne en alguno sus bunkers o en la mismísima oficina oval (cuyo sillón del escritorio principal, casi se viene a Chile) y resuelve a quién dejará caer un drone en el curso del resto de la semana, es decir, decide, quién vive, quién muere, en Túnez, Libia, Siria, Afgasnistán y se podría seguir hasta copar casi todos los asientos de la ONU.
Obama es la encarnación de las tradiciones imperiales. Qué duda cabe.
Tiempo atrás, (en verdad hace como cuatro años) un sobrino, un hijo de alguno de mis amigos, quizá uno de los míos, con esa sagacidad propia de los jóvenes y de los viejos más ladinos, me disparó por el flanco izquierdo la siguiente frase: "Pucha que jode la gente de su generación tío (o papá) con eso del imperialismo".
Como en aquel tiempo aún gozaba de cierta autoridad, le miré con fingida severidad y le sentencié a leer parte de la "Historia de la Guerra del Peloponeso" de Tucídides. Hallarlo fue toda una proeza. Lo encontramos en uno de mis más antiguos anaqueles. Hoy todo es más fácil, se puede "bajar" de la web en todas las versiones y en todos los formatos.
Tomé el libro y sacrifiqué su pulcra impresión rayándolo con uno de esos lápices rojo-azul de carpintero que me gustan tanto para los menesteres de resaltar lo que me interesa. No pretendía mostrar la historia de la Hélade, sino solamente, y apenas, como se comportaba en esos tiempos un hacedor de imperialismos.
Como se sabe la del Peloponeso (431-404 a.C.) fue una larga guerra, en tres tiempos, en la antigua Grecia, entre Atenas y Esparta, en torno a las cuales se agrupaban el resto de las ciudades.
Los párrafos y diálogos que marqué en aquella ocasión fueron, más menos, los siguientes:
Estos sucesos ocurrieron aquel invierno del décimo quinto año de esta guerra.
Los atenienses enviaron  otra armada de 30 barcos contra la isla de Melos. Iban 1.200 hombres de guerra muy bien armados y 300 flecheros y 20 caballos ligeros.
Estaban al mando de Cleomedes y Tisías, quienes antes que hiciesen mal ni daño alguno a los de la isla, enviaron embajadores a los de la polis para que parlamentasen con ellos.
(Embajadores atenienses): Varones melios, no será menester hacer largos razonamientos para mostraros que tenemos una justa causa para comenzar la guerra contra vosotros. Cuando los más flacos y débiles contienden y luchan sobre aquellas cosas que los más fuertes y poderosos les piden o exigen, es mejor y más conveniente ponerse de acuerdo con los débiles, para conseguir el menor mal y daño posible.”
(Melios): Nosotros queremos conservar aquello en que consiste nuestro bien común, que es nuestra libertad.
(Embajadores atenienses): Hablemos sobre lo que toca a nuestro señorío y a vuestro bien y el de vuestra polis y república. En cuanto a esto os diremos claramente nuestra voluntad e intensión: queremos de todos modos tener mando y señorío sobre vosotros, porque será tan útil y provechoso para vosotros como para nosotros.
(Melios): ¿Cómo puede ser tan provechoso para nosotros ser vuestros súbditos y para vosotros ser nuestros señores?
(Embajadores atenienses): Os es ciertamente provechoso, porque más vale que seáis súbditos que sufrir todos los males y daños que os puedan venir a causa de la guerra; y nuestro provecho consiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y destruiros.
(Melios): Gran vergüenza y cobardía nuestra será, si estando en libertad, como estamos, la dejáramos perder y no hiciéramos todo lo posible antes de caer en servidumbre.
(Embajadores atenienses): Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Estamos aquí por el bien de nuestro imperio y lo que les decimos es para la salvación de vuestro país, porque queremos ejercer nuestro dominio sin causar ningún trastorno y que os salvéis, tanto por vuestro interés como por el nuestro. (2)
La guerra del Peloponeso continuó por largos y muchos años. Pero esa es otra parte de la misma historia, lo que acá nos interesaba era contestar la pregunta con caracteres de interpelación, hecha (ahora me acuerdo) por mi sobrino más querido, que a la sazón tenía alrededor de 14 años.

Buen provecho, le dije finalmente, no sin antes advertirle que en materia de servidumbres y sometimientos aún queda mucho por escribirse. Añadí, mirándole fijamente, que el alma de los yanaconas ronda y reina en nuestros países, La costumbre de someter gente ni siquiera tiene que ver con el color de la piel . Para terminar, le amenacé fieramente: “si no te has convencido que Obama es un Emperador, te mando a leer la “Historia de la Guerra del Peloponeso” ¡¡entera!!.
Creo que fue suficiente.

---------------------------------------------------
(1)  “La Guerra de los DRONES” Artículo de Jorge Luis Volpi, publicado en su Blog "El Boomeramn", el 17 de marzo de 2013.
(2)  No se trata de una o varias citas, aunque en buena parte lo son, sino de una versión libre de “Historia de la Guerra del Peloponeso” de Tucídides tomada del texto con traducción de Diego Gracián   (http://www.enxarxa.com/biblioteca/TUCIDIDES%20Guerra%20del%20Peloponeso%20_BCG_.pdf              También se usó el epígrafe del libro “Por el Bien del Imperio” de        Josep Fontana. Pasado-Presente         Barcelona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario