jueves, 30 de julio de 2020

LÁNCENSE A LOS CAMINOS

 

Alejandro Do Porto

 

 

    Un reconocimiento absoluto sin sombras ni regateos, dejó en evidencia que la monumentalidad de la obra de Roberto Bolaño puso fin el largo y prolífico período del realismo mágico de la literatura latino-americana y permitió la emergencia de una nueva generación de escritores que encabeza, no obstante su muerte.

    Babelia, la revista cultural de El País de España, da cuenta de los mejores 21 libros del Siglo XXI, en opinión de 84 expertos. En el primer lugar ubicaron a “2666”, la novela póstuma de Roberto Bolaño, publicada en 2004, un año después de su muerte.

    Para que no cupiere dudas del nuevo rumbo y vertiginoso ritmo impuesto por Bolaño a la literatura de nuestra lengua, en la Babelia se dice: “Desde Borges -retratado minuciosamente  por Adolfo Bioy Casares en un diario ya ineludible- ningún escritor ha influido tanto como Roberto Bolaño en las nuevas generaciones.”.

    Lo había adelantado Enrique Vila-Matas: ““Los Detectives Salvajes” -vista así- sería una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio.” Abundan explícitos reconocimientos como éste de Jorge Luis Volpi, Juan Villoro, A.G. Porta, Rodrigo Fresán y ni decir de Javier Cercas o, más allá de la literatura, de Patti Smith que dijera “2666 es la primera obra maestra del siglo XXI”.

    Una impronta de muerte y violencia marca el tiempo vital de Bolaño y como todo escritor con rasgos de genialidad crea su corpus literario de verso y prosa, con las vísceras de la realidad  que le toca vivir. Entre 1967, momento que resuelve abandonar la educación media formal para ser escritor y su muerte en 2003, corrieron tiempos de fuerzas huracanadas, de energías tectónicas desatadas a nivel social y político. El proclamado realvisceralismo en Detectives Salvajes, nunca fue de oropel, menos un recurso literario.

    Bolaño vive la latinoamérica profunda del Chile de los años 60 del México de los 70  (en 1972 se declara revolucionario[i]) y la España post franquista de los 80 y 90. En fin, en su madurez literaria vivió la época en la que irrumpió y se consolidó, sin contrapesos, una nueva era de precariedad, de miedos y de espantos. Fagocitándolo todo el neoliberalismo nacía hacia 1971-74 y colapsaba en 2008. Globalización mediante, el declive de los grandes relatos, la muerte de Dios, el fin del confort de las vanguardias, dominaban la escena. Bilao se inició con la generación sesentera que lo quiso todo y su madurez la vivió en medio de las generaciones que junto con quererlo todo, lo quieren ya, ahora.

Así, en ese escenario, los icónicos y míticos  poblados imaginarios del realismo  mágico desfallecieron: “Comala” de Juan Rulfo, “Santa María” de Onetti y las maravillosas desmesuras del “Macondo”, del enorme García Márquez se quedaban, con honores por cierto, en el siglo veinte, acompañando los fantásticos “Cuentos de Amor de Locura y Muerte” de Horacio Quiroga.

    La vieja hacienda cobijó al realismo mágico. El darwinismo urbano (vaya urbe en la que Bolaño vive su juventud) pare al infrarrealismo. 

    Bolaño era consciente del dramatismo y radicalidad de la era que le tocó y la enfrentó sin ambages  con su propio drama de vida que se extinguía, con intermitencias, sin piedad.

    Cuando se había hecho un lugar común creer que se podía terminar el mundo pero no el capitalismo, en su versión más salvaje, produciendo millones de seres de desecho, Bolaño escribió sus obras y se las dedicó con desprecio, arrogancia irreductible, desafiante.

    Mujeres, migrantes, excombatientes, restos náufragos de sociedades desechas o sencillamente extinguidas, negro, comunista, periodista deportivo, espaldas mojadas, traficantes y policías, niños, adolescentes, trabajadores de maquila, profesores diletantes, homosexuales, putas, escritores nazis, académicos burócratas, estrategas de sobrevivencias, boxeadores, narcos, mendigos, en fin, todo lo inhumano imaginable en caos, que nacía y moría vertiginosamente a su alrededor, se constituyó en el núcleo central de su obra.

    El mundo subjetivo de sus personajes carecen de interés para Bolaño. Más bien sus personajes son sujetos sociales, los que en sus interrelaciones, dan vida a sus obras y la dotan de singularidad.    

     En “La parte de los crímenes” del descollante “2666”, Bolaño se despliega con la fuerza y la feroz resolución proclamada en su manifiesto infrarrealista: “…al día siguiente uno de los ayudantes del forense le realizó la autopsia. Había sido estrangulada. Había sido violada. Por ambos conductos, anotó el ayudante del forense. Y estaba embarazada de cinco meses.”. Allí se toman de la mano su estética cruda, su ética irreductible y su política infranqueable. Lo mismo corre en el pulcro, breve y sórdido relato de la prostitución de Bianca para sobrevivir con su hermano, en un país con estado de bienestar en el cual lo peor es inmigrar.

    Las mujeres en el realismo mágico ocupan su lugar de sumisión implícita, o explícita, con sus obligaciones de hembra que ha de llegar virgen al matrimonio bajo apercibimiento del repudio narrado genialmente en “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez.

    La irrupción de Bolaño importa una nueva narrativa sobre la mujer. Mujer entendida como el sujeto social más relevante que emergía, en esta nueva era, execrando y excretando todo machismo y normalización patriarcal.

    En el norte mexicano arrasado social y humanamente por la industria de maquila llegada del país del más al norte, la mujer no solamente es trabajadora en un régimen salvaje de producción y salarios, sino también objeto de degradación, sino depredación que describe con una crudeza que no se pretende mitigar ni atemperar, pues de eso se trata el infrarrealismo.

    La obra de Bolaño ha de leerse no sólo en su radicalidad estética y ética (que tanto incomoda a los lectores anclados en el S.XX) sino también, necesariamente, en su radicalidad política. Eduardo Tarifeño y Horacio castellanos, en El Clarín de Buenos Aires, dan luces sobre este asunto. “A Eliseo Álvarez le confesó que se hizo trotskista porque no le gustaba `la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas`…`cuando estuve  entre trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical trotskista, y terminé siendo anarquista`…`Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista.`[ii]. 

    Cuidado, Roberto Bolaño no era un dilettante en la política, como en todo, era un detective. (“Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que escritor”, dijo en una entrevista poco antes de su muerte y creo que no bromeaba)

    Entre el primer viaje de Roberto Bolaño a Chile, en los últimos meses del gobierno del Presidente Salvador Allende (1973) y el Bolaño personaje de la novela de Javier Cercas en “Soldado de Salamina” (2001) está el punto de inicio y de llegada del cuerpo de sus ideas políticas. Cercas pone en boca de Bolaño: “Mira, te voy a decir la verdad. Durante años me cagué cada vez que pude en Allende, pensaba que la culpa de todo era suya, por no entregarnos las armas. Ahora me cago en mí por haber dicho eso de Allende. Joder, el cabrón pensaba en nosotros como si fuéramos sus hijos, ¿entiendes? No quería que nos mataran. Y si llega a entregarnos las armas hubiéramos muerto como chinches. En fin –concluyó, tomando otra vez la taza-, supongo que Allende fue un héroe.”[iii]

    Así, Bolaño no pretende pasar por un inocente de fines del S.XX. y  desciende al infra-mundo donde habitan los humanos que sufren y son acosados, que desde sus prisiones buscan una salida, y en el empeño salvan o mueren, no hay término medio. Deja atrás la desmesura americana y sus historias de violencia  romántica morigeradas por las esperanzas que se cumplirán con la llegada de mariposas amarillas. Así, su inconmovible crítica la deja caer sobre los escritores y los intelectuales y los políticos que no viven a la intemperie, lejos del amparo de la nomenclatura o del establishment.

    Tan pronto volvió de su primer viaje a Chile, en el DF mexicano lanza, con su amigo Mario Santiago, el Manifiesto infrarrealista:

“-- Que la amnesia nunca nos bese la boca. Que nunca nos bese.

--Soñamos con utopía y despertamos gritando.

OK

DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE

LÁNCENSE A LOS CAMINOS” [iv]

 

 

Valparaíso, mayo, 2020



[i] Diario La Vanguardia, Barcelona, 23 de septiembre de 2002. En Bolaño “Por sí mismo”.  Pág. 88. Ediciones UDP. Selección y edición Andrés Braithwaite.

[iii] Soldados de Salamina” Javier Cercas. Bs. Aires. Tusquets Editores. 2010, págs. 145-146.

[iv]Déjenlo todo nuevamente: primer manifiesto del movimiento infrarrealista”. “A la Intemperie”. 2019. Pág. 358-366.

 

Libros de referencia:

Bolaño y México. En Sabiduría sin promesas. Christopher Domínguez Michael. Ediciones UDP.2009.

Roberto Bolaño La Experiencia del Abismo. Fernando Moreno (Coordinador). Ediciones Lastarria.2011.

A la Intemperie.  Alfaguara. 2019.

Roberto bolaño. Un universo en expansión. Chris Andrews. Ediciones UDP. 2018.

El Hijo de Míster Playa. Mónica Maristain.  Alquimia Ediciones. 2017.

 

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario