LÁNCENSE
A LOS CAMINOS
Alejandro Do Porto
Un reconocimiento absoluto
sin sombras ni regateos, dejó en evidencia que la monumentalidad de la obra de
Roberto Bolaño puso fin el largo y prolífico período del realismo mágico de la
literatura latino-americana y permitió la emergencia de una nueva generación de
escritores que encabeza, no obstante su muerte.
Babelia, la revista cultural
de El País de España, da cuenta de los mejores 21 libros del Siglo XXI, en
opinión de 84 expertos. En el primer lugar ubicaron a “2666”, la novela póstuma
de Roberto Bolaño, publicada en 2004, un año después de su muerte.
Para que no cupiere dudas
del nuevo rumbo y vertiginoso ritmo impuesto por Bolaño a la literatura de
nuestra lengua, en la Babelia se dice: “Desde Borges -retratado
minuciosamente por Adolfo Bioy Casares
en un diario ya ineludible- ningún escritor ha influido tanto como Roberto
Bolaño en las nuevas generaciones.”.
Lo había adelantado Enrique
Vila-Matas: ““Los Detectives Salvajes” -vista así- sería una grieta que abre
brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo
milenio.” Abundan explícitos reconocimientos como éste de Jorge Luis Volpi,
Juan Villoro, A.G. Porta, Rodrigo Fresán y ni decir de Javier Cercas o, más
allá de la literatura, de Patti Smith que dijera “2666 es la primera obra
maestra del siglo XXI”.
Una impronta de muerte y
violencia marca el tiempo vital de Bolaño y como todo escritor con rasgos de
genialidad crea su corpus literario de verso y prosa, con las vísceras de la
realidad que le toca vivir. Entre 1967,
momento que resuelve abandonar la educación media formal para ser escritor y su
muerte en 2003, corrieron tiempos de fuerzas huracanadas, de energías
tectónicas desatadas a nivel social y político. El proclamado realvisceralismo
en Detectives Salvajes, nunca fue de oropel, menos un recurso literario.
Bolaño vive la latinoamérica
profunda del Chile de los años 60 del México de los 70 (en 1972 se declara revolucionario[i]) y la España post
franquista de los 80 y 90. En fin, en su madurez literaria vivió la época en la
que irrumpió y se consolidó, sin contrapesos, una nueva era de precariedad, de
miedos y de espantos. Fagocitándolo todo el neoliberalismo nacía hacia 1971-74
y colapsaba en 2008. Globalización mediante, el declive de los grandes relatos,
la muerte de Dios, el fin del confort de las vanguardias, dominaban la escena.
Bilao se inició con la generación sesentera que lo quiso todo y su madurez la
vivió en medio de las generaciones que junto con quererlo todo, lo quieren ya,
ahora.
Así, en ese escenario, los
icónicos y míticos poblados imaginarios
del realismo mágico desfallecieron:
“Comala” de Juan Rulfo, “Santa María” de Onetti y las maravillosas desmesuras
del “Macondo”, del enorme García Márquez se quedaban, con honores por cierto,
en el siglo veinte, acompañando los fantásticos “Cuentos de Amor de Locura y
Muerte” de Horacio Quiroga.
La vieja hacienda cobijó al
realismo mágico. El darwinismo urbano (vaya urbe en la que Bolaño vive su
juventud) pare al infrarrealismo.
Bolaño era consciente del
dramatismo y radicalidad de la era que le tocó y la enfrentó sin ambages con su propio drama de vida que se extinguía,
con intermitencias, sin piedad.
Cuando se había hecho un
lugar común creer que se podía terminar el mundo pero no el capitalismo, en su
versión más salvaje, produciendo millones de seres de desecho, Bolaño escribió
sus obras y se las dedicó con desprecio, arrogancia irreductible, desafiante.
Mujeres, migrantes,
excombatientes, restos náufragos de sociedades desechas o sencillamente
extinguidas, negro, comunista, periodista deportivo, espaldas mojadas,
traficantes y policías, niños, adolescentes, trabajadores de maquila,
profesores diletantes, homosexuales, putas, escritores nazis, académicos
burócratas, estrategas de sobrevivencias, boxeadores, narcos, mendigos, en fin,
todo lo inhumano imaginable en caos, que nacía y moría vertiginosamente a su
alrededor, se constituyó en el núcleo central de su obra.
El mundo subjetivo de sus
personajes carecen de interés para Bolaño. Más bien sus personajes son sujetos
sociales, los que en sus interrelaciones, dan vida a sus obras y la dotan de
singularidad.
En “La parte de los
crímenes” del descollante “2666”, Bolaño se despliega con la fuerza y la feroz
resolución proclamada en su manifiesto infrarrealista: “…al día siguiente uno de los ayudantes del forense le realizó la
autopsia. Había sido estrangulada. Había sido violada. Por ambos conductos,
anotó el ayudante del forense. Y estaba embarazada de cinco meses.”. Allí
se toman de la mano su estética cruda, su ética irreductible y su política
infranqueable. Lo mismo corre en el pulcro, breve y sórdido relato de la prostitución
de Bianca para sobrevivir con su hermano, en un país con estado de bienestar en
el cual lo peor es inmigrar.
Las mujeres en el realismo
mágico ocupan su lugar de sumisión implícita, o explícita, con sus obligaciones
de hembra que ha de llegar virgen al matrimonio bajo apercibimiento del repudio
narrado genialmente en “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García
Márquez.
La irrupción de Bolaño
importa una nueva narrativa sobre la mujer. Mujer entendida como el sujeto
social más relevante que emergía, en esta nueva era, execrando y excretando
todo machismo y normalización patriarcal.
En el norte mexicano arrasado
social y humanamente por la industria de maquila llegada del país del más al
norte, la mujer no solamente es trabajadora en un régimen salvaje de producción
y salarios, sino también objeto de degradación, sino depredación que describe
con una crudeza que no se pretende mitigar ni atemperar, pues de eso se trata
el infrarrealismo.
La obra de Bolaño ha de
leerse no sólo en su radicalidad estética y ética (que tanto incomoda a los
lectores anclados en el S.XX) sino también, necesariamente, en su radicalidad
política. Eduardo Tarifeño y Horacio castellanos, en El Clarín de Buenos Aires,
dan luces sobre este asunto. “A Eliseo Álvarez le confesó que se hizo
trotskista porque no le gustaba `la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas`…`cuando
estuve entre trotskistas, tampoco me
gustaba la unanimidad clerical trotskista, y terminé siendo anarquista`…`Ya en
España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista.`[ii].
Cuidado, Roberto Bolaño no
era un dilettante en la política,
como en todo, era un detective. (“Me hubiera gustado ser detective de
homicidios, mucho más que escritor”, dijo en una entrevista poco antes de su
muerte y creo que no bromeaba)
Entre el primer viaje de
Roberto Bolaño a Chile, en los últimos meses del gobierno del Presidente
Salvador Allende (1973) y el Bolaño personaje de la novela de Javier Cercas en “Soldado
de Salamina” (2001) está el punto de inicio y de llegada del cuerpo de sus ideas
políticas. Cercas pone en boca de Bolaño: “Mira,
te voy a decir la verdad. Durante años me cagué cada vez que pude en Allende,
pensaba que la culpa de todo era suya, por no entregarnos las armas. Ahora me
cago en mí por haber dicho eso de Allende. Joder, el cabrón pensaba en nosotros
como si fuéramos sus hijos, ¿entiendes? No quería que nos mataran. Y si llega a
entregarnos las armas hubiéramos muerto como chinches. En fin –concluyó,
tomando otra vez la taza-, supongo que Allende fue un héroe.”[iii]
Así, Bolaño no pretende
pasar por un inocente de fines del S.XX. y
desciende al infra-mundo donde habitan los humanos que sufren y son
acosados, que desde sus prisiones buscan una salida, y en el empeño salvan o
mueren, no hay término medio. Deja atrás la desmesura americana y sus historias
de violencia romántica morigeradas por
las esperanzas que se cumplirán con la llegada de mariposas amarillas. Así, su
inconmovible crítica la deja caer sobre los escritores y los intelectuales y
los políticos que no viven a la intemperie, lejos del amparo de la nomenclatura
o del establishment.
Tan pronto volvió de su
primer viaje a Chile, en el DF mexicano lanza, con su amigo Mario Santiago, el
Manifiesto infrarrealista:
“-- Que la amnesia nunca nos
bese la boca. Que nunca nos bese.
--Soñamos con utopía y
despertamos gritando.
OK
DÉJENLO
TODO, NUEVAMENTE
LÁNCENSE
A LOS CAMINOS” [iv]
Valparaíso, mayo, 2020
[i]
Diario La Vanguardia, Barcelona, 23 de septiembre de 2002. En Bolaño “Por sí
mismo”. Pág. 88. Ediciones UDP.
Selección y edición Andrés Braithwaite.
[iii]
Soldados de Salamina” Javier Cercas. Bs. Aires. Tusquets Editores. 2010, págs.
145-146.
[iv] “Déjenlo todo nuevamente: primer manifiesto
del movimiento infrarrealista”. “A la Intemperie”. 2019. Pág. 358-366.
Libros de referencia:
Bolaño y México. En
Sabiduría sin promesas. Christopher Domínguez Michael. Ediciones UDP.2009.
Roberto Bolaño La
Experiencia del Abismo. Fernando Moreno (Coordinador). Ediciones
Lastarria.2011.
A la Intemperie. Alfaguara. 2019.
Roberto bolaño. Un universo
en expansión. Chris Andrews. Ediciones UDP. 2018.
El Hijo de Míster Playa.
Mónica Maristain. Alquimia Ediciones.
2017.