“DETENCIÓN ACCIDENTAL”
(De una Pareja de Anarquistas)
Guillermo Alejandro Arenas Escudero
El Ministro del Interior, don Andrés Chadwick, con su
voz de incipiente (o tardío) caprino, anunció al país hace un par de meses, que
la policía española había detenido a una pareja de anarquistas chilenos,
acusados de explosionar una bomba en la nave mayor de la barroca basílica-catedral
del Pilar de Zaragoza (también de les acusa por unas activadas en el famoso
monasterio benedictino de Santa María de Montserrat, en Cataluña).
La verdad es que no quedó claro si fue una o varias
las bombas; su brío era tan incontrolable como el gorjeo de un recién nacido al
que le sacan sus eructos luego de una mamada suculenta. Estaba exultante:
<<Son dos de los anarquistas dejados en libertad y absueltos por los
jueces chilenos en el Caso Bombas>> insistía una y otra vez, con la misma
e insuperable energía que empleara en el Cerro Chacarillas la parda noche de
las 77 antorchas y juramentos de fidelidad al sátrapa de nuestra época de
espantos. Se corre que (en ambas ocasiones) sus ojos se humectaron de emoción
sincera, pero como no se logró distinguir en la tele, ya no se sabrá si aquello
fue cierto.
Con todo, lo que más atolondraba al Señor Ministro,
era su esfuerzo por convencer al país sobre cuánta razón tuvo en la persecución
de los anarquistas acusados en el singular "Caso Bombas". Que la
detención de la pareja en Zaragoza venía a corroborar que el impecable,
esforzado, persistente y profesional trabajo desplegado por el Ministerio del
Interior, la PDI y Carabineros y el propio Ministerio Público, solamente se
había frustrado por la irresponsabilidad de tres jueces chilenos
prevaricadores, o cretinos, o irresponsables, o cómplices activos, o pasivos, o
(porqué no) rezagos del comunismo post caída del muro berlinés, quienes habían
dejado en libertad a toda la anarco-banda, entre los que se contaban la pareja
detenida en España.
Todo estaba a pedir de boca, hasta que un periodista
(metódico, acucioso y brillante, que aprendió a distinguir una noticia de una operación
encubierta, o solapada, en los años más oscuros de nuestros criollos tribunales de
justicia) desde Zaragoza [1] nos ha contado que no hay pruebas que sindiquen a
la mentada pareja de anarquistas como los autores del atentado a la basílica-catedral
del Pilar. Todo indica (¡nuevamente!) que se trata solamente de un montaje,
sólo que esta vez, los actores principales y de reparto, hacen su debut en
ligas europeas.
El juez español, inquieto ante las evidencias,
prestamente ordenó diligencias para esclarecer los hechos y la participación precisa
de nuestros compatriotas anarquistas. Lo cierto es que la “investigación” pasó
a segundo plano, se trata ahora de que la propia administración de justicia
española no se vea involucrada en un chasco grotesco que termine con la carrera
del propio juez. (Concedamos que, si bien no siempre, en ocasiones las cosas
por allá, no son como acá, en que los montajes son premiados con ascensos, o
con el fiscal encargado de las pesquisas fichado a honorarios por el Ministerio del
Interior)
Lo que llamó la atención del juez, nos relata nuestro
periodista, no sin un dejo de sarcasmo, fue que en las grabaciones agregadas a
la investigación aparecen junto a la pareja de anarquistas, al momento de su
detención, tres individuos que les acompañaban sin perderles pisada. Más aún,
que les siguieron en Madrid, Zaragoza y Barcelona. El juez español al preguntar
quiénes eran esos “chavales”, se enteró que todos ellos, eran agentes de inteligencia del Estado de la República de
Chile, los que con infracción de sus leyes nativas y las españolas: espiaban,
sapeaban, vigilaban, husmeaban (todo con cargo al arario fiscal) a la pareja de
anarquistas.
Sin poder impedir cierta sorna, el periodista remata
la nota recordando que el mismísimo Director de la ANI, habría participado en
la operación, lo que fue rápidamente negado por La Moneda. Lo cierto es que el
Jefe de la ANI estaba en esos días en España.
Me imagino a los cuatro agentes chilenos, es decir, a
los tres 007 y a su jefe, caminar sigilosos tras los anarquistas por las calles
de Barcelona, Madrid y Zaragoza
insuflados sus corazones del patriotismo más puro y sincero, animados
por el recuerdo de las blancas cumbres de nuestra cordillera de Los Andes, girones de nuestro cielo
azulado y por el rojo cadmio de nuestra bandera. Levitaban. Ni siquiera hubo tiempo
para el Camp Nou y un vistazo, más no fuera, a Alexis Sánchez y los culés o, ya
que estaban en Zaragoza (peor es mascar lauchas) disfrutar de una tarde de
fútbol en La Romareda. Pero, en fin, la patria está primero.
Todo este rocambolesco entramado, inevitablemente trae
a la memoria aquélla gran tragicomedia del Nobel de Literatura 1997, el italianísimo
Darío Fo: “Muerte Accidental de Anarquista” .
La obra de Darío Fo se apoya en un hecho real:
---El 12 de diciembre de 1969, hubo un atentado en la
Piazza Fontana de Milán del que resultaron 16 muertos y 88 lesionados; ---El
atentado fue perpetrado por fascistas italianos (Tramas Negras); ---La policía
italiana al mando del Comisario Luigi Calabresi
intenta culpar a anarquistas y detiene a Giuseppe Pinelli, ferroviario
ácrata contrario a actos de violencia ---Tres días después, el 15 de diciembre,
Pinelli muere en “medio del interrogatorio” a manos de la policía; ---Una
indignada opinión pública exige una investigación, pero el fiscal y el juez
concluyen que Giuseppe Pinelli cayó desde el cuarto piso del cuartel policial,
en razón de un desmayo que sufriera en el curso del interrogatorio. [2]
A partir de tan trágico acontecimiento Darío Fo
escribe su mejor obra de teatro: "Muerte Accidental de un Anarquista"
(1970) en la que teje y reteje la trama de una comedia hilarante, de abierta
denuncia a los métodos que usualmente se usan por las policías políticas,
servicios de inteligencia y fiscales contra los "enemigos del
Estado": la tortura.
Groso modo, Darío Fo arma el intríngulis de su tragicomedia,
haciéndola girar en torno al personaje principal: un loco que sufre de
histriomanía, que estaba siendo interrogado en el cuartel de la policía en
momentos que era esperado el juez que investigaría "la muerte” de un
anarquista que la policía alegaba: “fue casual”. Los policías creen que el
loco es el juez al que estaban esperando y comienzan a explicarle razonadamente
“la accidental muerte del anarquista” en tanto que el loco-juez con sus preguntas
e interrogaciones, pone sus versiones en completo ridículo. [3]
Pronto, pasadas las vacaciones, los últimos días del
gobierno que se va, transferido el mando supremo de la Nación, transitada ELLA
de Candidata a Presidenta y Él, de Presidente a Candidato, el nuevo Ministro
del Interior debería (creo yo que debería) llamar a su subalterno: el Jefe de
la Agencia Nacional de Inteligencia de la República de Chile (ANI) para que le
explique este enojoso asunto. Si es que no lo ha hecho, sugiero que alguno de
sus cercanos le recomiende leer previamente a Darío Fo, sólo para que no le
vayan a contar cuentos, no sea cosa que termine (así sea por exhorto)
interrogado por algún juez que se vuelva loco, en tierras donde hay más de un
juez Garzón.
Si en las semanas siguientes, nuestros dos
compatriotas detenidos en España, no reciben la asistencia del Estado de Chile,
habrá quedado claro, con cuál de las versiones se ha quedado en el nuevo Gobierno
de Chile.
Entre tanto, los dos chilenos que fueron “detenidos accidentalmente” siguen presos en España en una cárcel de alta seguridad.
¡De locos!
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[1] La nota
está disponible en la web. El periodista es Erick López, cuya independencia le
ha significado entreveros inclusive con sus propios colegas como fue el caso de
su confrontación “al aire” con Margarita Hantke.
[2] En una
edición de la obra se sostiene, por el propio Fo, que también se basa en un
hecho acaecido en Nueva York en 1921, cuando se “lanzara" desde el décimo cuarto
piso de los cuarteles de la policía un anarquista al que se le
"interrogaba".
[3] La obra fue representada en Chile en los últimos años de la dictadura producida por "Parra's Producciones" (César Parra Vásquez y Guillermo Arenas Escudero) dirigida por Gustavo Meza, en la que actuaron Pato Torres como el histromaníaco Loco-Juez , Max Corvalán, Oscar Olavarria, Edgardo Bruna y Hugo Medina en los roles de policías y Verónica Frunz en el de la periodista que reportea los hechos y termina coludida con la policía. Se presentó en el desaparecido Teatro Moneda y en el recién inaugurado teatro al aire libre “Parque Bustamante”.
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