lunes, 20 de enero de 2014

EL TRISTE CASO DE LA HAYA

Y  LOS TRES HERMANOS DESALMADOS



Guillermo Arenas Escudero

(Este artículo fue escrito 
en 2014, una semana antes
 del fallo de La Haya Chile-Perú)


El 27 de enero, se escucha hasta el hartazgo, la Corte Internacional de La Haya resolverá el diferendo marítimo chileno-peruano.

Ello, es una verdad a medias, por lo tanto, una mentira doble.

No se trata solamente de Chile y Perú. Se disimula, más derechamente, se esconde (con sorprendente éxito) que el más seguro perjudicado será Bolivia A pesar que el juicio es entre Chile y nuestros vecinos de más al norte, Bolivia ha devenido en un verdadero convidado de piedra.

Sí, tal como lo escribo: los bolivianos serán los perjudicados principales, cualquiera sea el fallo.

Creo firmemente que Bolivia lleva las peores velas en este entierro. Me asiste la convicción que el fallo será de pacotilla y que dejará de "vencedor" a Chile o a Perú, y (a todo evento) "derrotado" a Bolivia sin oportunidad alguna de aspirar a una salida al mar con continuidad territorial. Suele llamarse a estas situaciones: “daños colaterales” propios de todo conflicto.

Dentro de sus atuendos ridículos y sus pelucas y bordadas pecheras (de dejos rancios a regusto colonial, sobre todo por el uso de togas negras, en señal de luto por la muerte de la Reina María II de Inglaterra a fines del S.XVII) los miembros del "tribunal" saben que tienen pocos espacios para maniobrar. Nunca tuvieron muchos. Son bien pagados porque no son imbéciles, peor aún, es gente inteligente que debe pararse ante el planeta entero y parecer "jueces".

Es útil también recordar que es un “tribunal” al que Estados Unidos le ha negado jurisdicción. Nicaragua en 1986 demandó a EE.UU. por violar el derecho internacional. Nicaragua ganó el caso. La Corte Internacional de La Haya dictó sentencia en favor de Nicaragua. Estados Unidos sencillamente no acató el fallo. Es decir, la Corte sirve solamente cuando se trata de una pelea entre países condescendientes, pues de haber un matón de temer, sus sentencias no sirven de nada y tienen menos valor que el papel en que se escriben. En otras palabras, La Haya está hecha para países como los nuestros.  

Ellos lo saben, nosotros lo sabemos: todos lo saben. Para qué tanta ceremonia. Foucault lo dijo secamente: “hoy, vivimos una amalgama de decorados”.

Ellos conocen perfectamente la historia de la Guerra del Pacífico (dicho en chileno) o, Guerra del Salitre (dicho en peruano). Y cómo no, si las fortunas que de allí nacieron se radicaron, disfrutaron y gastaron en Londres, en la otra orilla del Canal de la Mancha.

Ellos conocen cabalmente de las peripecias y mentirillas oficiales de la postguerra del ‘79. (Que Tacna y Arica, que te la quito, que te la doy, que un plebiscito, que mejor las repartimos).

Ellos saben que en razón de esos acuerdos, Chile ejerce soberanía restringida en Tarapacá. (Sí, restringida). No hay que hacerse el ganso, como si se tratara de una clase patriotera de geografía coja: Chile no puede ceder ese territorio, ni siquiera una parte de él, a un tercer país sin la autorización expresa de Perú.

Ellos saben que esa cláusula no fue establecida en favor, ni de Chile ni de Perú, sino en contra de Bolivia. Con torpe descaro se ha dicho: Chile y Perú pactaron la paz en Ancón y en 1929 y enterraron la llave que permitiera una salida soberana de Bolivia al Océano Pacífico.

Ellos saben que Chile y Perú, por alguna razón mefistofélica e inconfesable, siempre se han asegurado que Bolivia sea mediterránea. (Bueno es recordar que en 1841 Perú y Bolivia tuvieron una guerra por el mismo territorio: Tacna-Arica-Tarapacá, llamado también: Colesuyo)

¡De primates!, pero así es.

Ellos saben que hasta nuestro sátrapa artero y ladino: Augusto Pinochet Ugarte, ofreció a Bolivia salida al mar, precisamente en las aguas que actualmente Perú reclama como suyas. Probablemente la proposición no era sincera, pero Perú corrió a oponerse y Bolivia “perdió como en la guerra” (literalmente).

Ellos saben que las Fuerzas Armadas de ambos países autorizaron llevar este asunto a La Haya. No seamos ingenuos, si cualquiera de ellas se hubiere opuesto, no habría juicio en La Haya, ni bufetes de abogados desempolvando sus pelucas con cargo a los erarios chileno y peruano.

Ellos saben que nuestros militares vienen saliendo (períodos Pinochet-Fujimori) de sendas represiones y matanzas en nuestros pueblos y se encuentran "exhaustas". Peor que eso: La última guerra de Perú (con Ecuador por la cabecera del Río Cenepa) terminó con el triunfo de ambas partes, cuyos ejércitos ocuparon “triunfantes” el territorio en disputa (¡en lugares distintos!). A su turno la última acción militar chilena, fue bombardear el Palacio de La Moneda con el Presidente Constitucional parapetado en su interior, donde murió defendiendo su posición, sin arriar la bandera. (Para escarnio de los militares: ¡Como en La Concepción!).

Ellos saben, además, que el Gobierno de Chile resolvió proteger las inversiones de LAN y tiendas de retail en Lima, lo mismo que Perú a sus 8.000 millones de dólares invertidos en estas frías tierras del sur.
Ellos saben que los mercaderes de ambas patrias, son más importantes que el mar en disputa.

Ellos saben perfectamente que ese mar tiene dueños Que es propiedad privada de un par de empresarios chilenos. Que, cualquiera sea el fallo, seguirán siéndolo. Que lo peor que les puede pasar, es que deban compartir la propiedad con una par de empresarios peruanos. (O, que finalmente un japonés o un jeque árabe, se quede con todo, previo pago de una suma vil de dinero, digamos unas treinta monedas).
Ellos saben que Bolivia no cuenta. No tanto por su debilidad militar, sino porque "la comunidad internacional" no entiende que Bolivia se niegue a separar los negocios de los demás intereses de su país, que no ponga a disposición del mercado su gas y demás riquezas mineras.

Ya el fallo perdió toda relevancia. Perdió absolutamente su importancia.(1)

Si algo “positivo” se pudiere sacar de todo esto, es que Perú “obtenga un triunfo” por pequeño que sea, para que pueda rediseñar y revertir décadas de enseñanza sistemática anti-chilena. Y que Chile “se tenga que mamar una derrota”, así sea parcial, para comenzar a erradicar nuestra patética arrogancia y racista sentido de superioridad.(2)

Bolivia tampoco ha resultado inocente en todo este chasco. Desde ya, no quiso involucrarse en serio. Optó por “sacar número” para que le atienda el mismo “tribunal” en su sempiterna demanda marítima.

Chile, Perú y también Bolivia no han cumplido con sus deberes esenciales, menos con sus obligaciones mínimas como países hermanos. Es una vergüenza que tres países sudamericanos, con fronteras comunes, con partes de sus territorios (Sur peruano, norte chileno, oeste boliviano) dependiendo los unos de los otros, sean completamente incapaces de enfrentar sus comunes desafíos y resolver las necesidades de sus gentes. Somos irresponsables con los chilenos, peruanos y bolivianos.  

Estos tres hermanos se niegan a tener espíritu de destino común.

Después del fallo, todo indica que los tres países saldrán a la caza de la misma piedra en que han tropezado por largos 120 años: cada vez que tengan una diferencia, se las resolverán unos pelucones en el hemisferio norte.

Así las cosas, que la tierra nos sea leve y dios (si lo hubiere) se apiade de todos nosotros.

Por de pronto, somos tres hermanos desalmados.


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(1)  Probablemente la nueva línea de la frontera marítima que establecerá el fallo, será la del paralelo hasta las 12 millas náuticas (mar territorial) y una equidistante a las pretendidas por las partes, hasta las 200 (zona económica exclusiva). [12 Millas náuticas = 22,2 Km.]

(2) (Agregado post fallo)
      Finalmente el 27 de enero la Corte de La Haya resolvió el asunto en litigio de la manera dicha la bajada anterior (1) solamente que en vez de 12 millas náuticas (cantidad no menor) fueron las 80 millas náuticas (148,16 Km.mar adentro) por el paralelo que cruza el Hito Uno. Luego la bisectriz.

sábado, 21 de diciembre de 2013

UN TRIUNFO SIN FERVOR


Guillermo Arenas Escudero


Apenas asomaba la noche, antes que amainara el calor, cuando se anunció la victoria electoral de la ciudadana Bachelet Jeria, Verónica Michelle.

El 15 de diciembre, media hora después del cierre de las urnas, se había convertido en la Presidenta electa.

Luego vino el discurso de rigor desde el frontis del Hotel Plaza San Francisco. En seguida, la Sonora de Tommy Rey se hizo cargo de los festejos. "Se Murió Tite" se repitió una vez y otra, mientras la gente bailaba en el mismo espacio que un día ocupara la Pérgola de las Flores, en ese recodo de la Alameda de las Delicias a las puertas de la franciscana iglesia más antigua de Chile.

Sin embargo, hubo un ausente que mezquinó su brillo y se hizo notar: el fervor.

Con todo, la noche del 15 hubo público suficiente, a diferencia de la primera vuelta que entrañó una completa pesadilla obtener masa crítica suficiente para la ceremonia.

Cuarenta y tres años antes, el 4 de septiembre, desde los balcones de la FECH, a menos de 200 metros de ese mismo lugar, Salvador Allende le dirigió la palabra a una multitud que tenía el corazón apretado, en actitud casi de oración. Además, con el rabillo del ojo, vigilaban a quien quisiere escamotearles la victoria.

Fervor abundó, más bien sobró, esa noche primaveral de 1970.

Fervor, fue lo que no hubo la noche de este 15 de diciembre.

No se pretende comparar ambas victorias.

También fervor hubo, y en abundancia, la noche del triunfo de don Pedro el 25 de octubre de 1938, tanto como el que invadió la Alameda el  viernes 4 de septiembre del ‘64 cuando Eduardo Frei Montalva saludara a una muchedumbre emocionada.

El fervor se ha convertido en un bien escaso, por lo mismo, sumamente apreciado, mal que mal vivimos en una economía de mercado.

Seguro que deambula perdido por allí, esperando asaltar una buena causa. Cuando se dice una buena causa, se dice, una que valga la pena. De aquellas que exigen un pedazo de la vida.

En Chile, los triunfos presidenciales de los progresistas de cada época fueron fielmente acompañados por el fervor popular.

Ni qué decir cuando venció la Unidad Popular. Un detalle no menor: Ganó la Unidad Popular, se decía, encabezada por Allende, cierto, pero era la UP la triunfante: ¡el pueblo!. Y así fue que se cantó con infinito fervor, esa noche tensa y glamorosa “Aquí va todo el Pueblo de Chile, aquí va la Unidad Popular…”. (1)

Los hijos de la doctrina social de la Iglesia Católica, deben haber sentido lo mismo cuando escucharon a Frei (padre) el día de su victoria. Un fervor enorme venía creciendo desde que iniciaran aquella campaña. En ocasiones me he imaginado el estremecimiento de los demócrata-cristianos con el famoso discurso aquél: “Ahí vienen, padre, quiénes son?...Son la Patria, hijo, la Patria Joven…son la Patria gracias a Dios”. 
Así, lo declamó Frei Montalva, a todo pulmón, en el invierno de 1964, en plena contienda, al recibir la señera Marcha de la Patria Joven. Recuerdo hasta hoy ese fervor cuando ellos cantaban su “Brilla el Sol. (2)

Los de la Patria Joven y de la Unidad Popular con fervor atisbaron futuros de esperanzas, de sueños, hasta un pinchintún de aquello hubo la noche del triunfo de Aylwin en la que se voceó: “…se siente en el aire que Gana la Gente. Gana la Gente su libertad, Ya viene el tiempo de la verdad. Gana la gente justicia y paz…Dulce Chile recibe a tu gente…” (3)

La noche del 15 el fervor no asomó por lado alguno, ni por ELLA ni por la Nueva Mayoría.

Muchas veces me imaginé entonadas por miles las viejas canciones del ’38. Más aún, percibo fresco el fervor que provocara ese discurso tan extremo y extremista, como para dejar caer sobre el tribuno que lo pronunciara (si lo hiciera hoy) un batallón completo de Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile:
“Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud es necesario que sea: GRATUITA, ÚNICA, OBLIGATORIA y LAICA” (Su Excelencia, el Señor Presidente de la República, don Pedro Aguirre Cerda ante el Congreso Pleno). (4)

Convengamos que por estos días ni los propios radicales se atreverían a pedir educación ÚNICA. Ni siquiera se les cruzaría por la cabeza a los socialistas o a los comunistas.

Pero no crean ustedes que el fervor es veleidoso o se niega asomar por simple capricho.

Se dice, se cuenta, se murmura, que la última vez que el fervor se dejó ver por estas tierras nuestras de fin de mundo, fue a mediados de agosto del 2011.

Mientras Carabineros se guarnecían al interior de sus zorrillos y guanacos, 100.000 estudiantes en Santiago (200.000 en todo el país) marcharon con sus paraguas abiertos cubriéndose así de la lluvia y la nieve. Un rumor bien fundado dice que los muchachos y las muchachas, esa mañana exudaban fervor por todos los poros de sus cuerpos y que la nieve no quiso perderse la fiesta. 

No estaría de más que la coalición triunfante reflexionara sobre ello, pues como saben los prudentes, un triunfo sin un pueblo fervoroso, si bien es una victoria válida, carece de gloria.

En una de esas…el fervor se apiada de todos nosotros.

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lunes, 25 de noviembre de 2013

ALGUIEN DEJÓ ABIERTA UNA VENTANA
EN LA ESCUELA DE DERECHO


Guillermo Arenas (Escudero por las madre)
Este artículo fue escrito para "El Pilín":
http://www.elpilin.cl/alguien-dejo-abierta-una-ventana-en-la-escuela-de-derecho/


Se cuenta que Fleming en el caluroso verano europeo de 1928 se tomó tres semanas de vacaciones. Para fortuna de todos nosotros, Fleming, que era un despelotado, arrancó de la canícula dejando abierta una ventana de su laboratorio.

Al volver, Alexander Fleming se percata que en una cápsula de Petri, en la que experimentaba con la temible bacteria staphylococcus aureus, un moho producido por una colonia de hongos, que se habían colado por la ventana, no habían dejado bacteria con cabeza.

¡La penicilina estaba descubierta!

Por casualidad, es cierto, pero a quién le importa, si mata bacterias.

Pasaron varios años antes que el trabajo de Fleming fuera reconocido por la comunidad científica y su descubrimiento salvara vidas masivamente. Sir Alexander Fleming, recibió recién el Nobel de Medicina en 1945.

Traigo a cuento esta historia penicilínica porque me tinca, tengo el pálpito, que esta primavera, en uno de estos fines de semana largos, en los que Santiago se vacía, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, una ventana se quedó abierta.

Es poco común que los resultados de  elecciones de Centros de Alumnos sean  un tema en los medios, solamente atentos y preocupados de sus propias redondeces.  

La noticia era: En la Escuela de Derecho, las elecciones las ganó una lista con nombre de broma mechona: "retroCEDamos".

Ante tan insólito, singular y sorprendente suceso, llamé a mis contactos leguleyos para anoticiarme debidamente de lo ocurrido.

Todo había tenido su origen en una rosca intestina entre colectivos de izquierda (lo de colectivo sólo lo repito, no entiendo mucho de tectónicas sociales post modernas).

Factum: las izquierdas, sencillamente no se ponían de acuerdo en una lista unitaria para las elecciones del Centro de Estudiantes de Derecho.

Seamos justos, la unidad ha sido siempre un bien escaso. Antíguamente, su ausencia se enmascaraba en “cuestiones de principios”, se la proveía de base teórica, científica, filosófica, política y ética. (Para llorar)

Además, cualquiera que lance una mirada al futuro verá a una parte de las izquierdas en el Gobierno y a otras en la Oposición.  No es necesario consultar un oráculo para profetizar las montañas de descalificaciones mutuas que lloverán.

Pongo alguna esperanza en que mejorarán los estilos y los estiletes. Las izquierdas, en sus peleas familiares, suelen flaquear en la estética más que en la moralina. Al menos, que los dolores de las divisiones se compensen con un buen espectáculo. Advierto, eso sí, que el público se está poniendo exigente.

En medio de tantos argumentos y considerandos para dividirse (todos atendibles, razonables, lógicos, hijos legítimos o putativos de la consecuencia o la razón de Estado) un pequeño grupo (siempre los que dejan grandes tendaladas parten siendo pocos) se hastió de tantas payasadas y optó por una acción rocambolesca.

“A este circo le faltan payasos” se dice que dijeron, (tal es la notoriedad que ha cobrado “retroCEDamos” que ya hay versiones disímiles, no sólo respecto de la historia fidedigna de los acontecimientos, sino también del espíritu que reinó en la ocasión y también sobre la voluntad cierta y sincera de sus actores).

En concreto, como se sabe, este grupo de disidentes, se presentó a las elecciones y las ganó.

Tengo la esperanza (esa esperanza verde que nunca abandono) que durante el próximo gobierno, cuando arrecien las mismas payasadas que han justificado, justifican y justificarán, las divisiones de la izquierda, surja un grupo como “retroCEDamos”, levante su propia carpa y se lo lleve todo por delante.

Llegada la hora, serán de gran utilidad un poco de aquellos hongos (sanadores de infecciones) que esta primavera pareciere se deslizaron sin permiso de nadie, por los ventanales de la Escuela de Derecho, airearon al ambiente y, pasado el estupor de los profesionales de la política, se adueñaron, sin más, de toda la escena.

Sólo una petición a los nuevos dirigentes del Centro de Derecho:


¡No cierren las ventanas! 

miércoles, 30 de octubre de 2013

OBAMA
  Y LA GUERRA DEL PELOPONESO

Guillermo Arenas Escudero

Barack Hussein Obama. Es el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América.
Sus críticos le agregamos con sádica (o masoquista) fruición su título de nobleza internacional: Premio Nobel de la Paz 2009, por el cual se le colgó una medalla de oro, se le entregó sendo diploma y US$1.400.000, lo que no es mucho, en esas alturas, pero para algo alcanzará.
Cobra su remuneración mensual con la frente en alto. Cumple con devoción cuáquera las obligaciones propias de un Presidente de los Estados Unidos de América.
Hace lo que han hecho con rigor espartano, todos los emperadores de todos los tiempos. Nerón y Calígula, en Roma. Adolfo y José en la Europa de la primera mitad del S.XX, Isabel e Isabel, esas orgullosas y soberbias colonialistas de las islas británicas y la península ibérica.
Obama tiene sus “martes terroristas”(1) en los que se reúne en alguno sus bunkers o en la mismísima oficina oval (cuyo sillón del escritorio principal, casi se viene a Chile) y resuelve a quién dejará caer un drone en el curso del resto de la semana, es decir, decide, quién vive, quién muere, en Túnez, Libia, Siria, Afgasnistán y se podría seguir hasta copar casi todos los asientos de la ONU.
Obama es la encarnación de las tradiciones imperiales. Qué duda cabe.
Tiempo atrás, (en verdad hace como cuatro años) un sobrino, un hijo de alguno de mis amigos, quizá uno de los míos, con esa sagacidad propia de los jóvenes y de los viejos más ladinos, me disparó por el flanco izquierdo la siguiente frase: "Pucha que jode la gente de su generación tío (o papá) con eso del imperialismo".
Como en aquel tiempo aún gozaba de cierta autoridad, le miré con fingida severidad y le sentencié a leer parte de la "Historia de la Guerra del Peloponeso" de Tucídides. Hallarlo fue toda una proeza. Lo encontramos en uno de mis más antiguos anaqueles. Hoy todo es más fácil, se puede "bajar" de la web en todas las versiones y en todos los formatos.
Tomé el libro y sacrifiqué su pulcra impresión rayándolo con uno de esos lápices rojo-azul de carpintero que me gustan tanto para los menesteres de resaltar lo que me interesa. No pretendía mostrar la historia de la Hélade, sino solamente, y apenas, como se comportaba en esos tiempos un hacedor de imperialismos.
Como se sabe la del Peloponeso (431-404 a.C.) fue una larga guerra, en tres tiempos, en la antigua Grecia, entre Atenas y Esparta, en torno a las cuales se agrupaban el resto de las ciudades.
Los párrafos y diálogos que marqué en aquella ocasión fueron, más menos, los siguientes:
Estos sucesos ocurrieron aquel invierno del décimo quinto año de esta guerra.
Los atenienses enviaron  otra armada de 30 barcos contra la isla de Melos. Iban 1.200 hombres de guerra muy bien armados y 300 flecheros y 20 caballos ligeros.
Estaban al mando de Cleomedes y Tisías, quienes antes que hiciesen mal ni daño alguno a los de la isla, enviaron embajadores a los de la polis para que parlamentasen con ellos.
(Embajadores atenienses): Varones melios, no será menester hacer largos razonamientos para mostraros que tenemos una justa causa para comenzar la guerra contra vosotros. Cuando los más flacos y débiles contienden y luchan sobre aquellas cosas que los más fuertes y poderosos les piden o exigen, es mejor y más conveniente ponerse de acuerdo con los débiles, para conseguir el menor mal y daño posible.”
(Melios): Nosotros queremos conservar aquello en que consiste nuestro bien común, que es nuestra libertad.
(Embajadores atenienses): Hablemos sobre lo que toca a nuestro señorío y a vuestro bien y el de vuestra polis y república. En cuanto a esto os diremos claramente nuestra voluntad e intensión: queremos de todos modos tener mando y señorío sobre vosotros, porque será tan útil y provechoso para vosotros como para nosotros.
(Melios): ¿Cómo puede ser tan provechoso para nosotros ser vuestros súbditos y para vosotros ser nuestros señores?
(Embajadores atenienses): Os es ciertamente provechoso, porque más vale que seáis súbditos que sufrir todos los males y daños que os puedan venir a causa de la guerra; y nuestro provecho consiste en que nos conviene más mandaros y teneros por súbditos que mataros y destruiros.
(Melios): Gran vergüenza y cobardía nuestra será, si estando en libertad, como estamos, la dejáramos perder y no hiciéramos todo lo posible antes de caer en servidumbre.
(Embajadores atenienses): Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Estamos aquí por el bien de nuestro imperio y lo que les decimos es para la salvación de vuestro país, porque queremos ejercer nuestro dominio sin causar ningún trastorno y que os salvéis, tanto por vuestro interés como por el nuestro. (2)
La guerra del Peloponeso continuó por largos y muchos años. Pero esa es otra parte de la misma historia, lo que acá nos interesaba era contestar la pregunta con caracteres de interpelación, hecha (ahora me acuerdo) por mi sobrino más querido, que a la sazón tenía alrededor de 14 años.

Buen provecho, le dije finalmente, no sin antes advertirle que en materia de servidumbres y sometimientos aún queda mucho por escribirse. Añadí, mirándole fijamente, que el alma de los yanaconas ronda y reina en nuestros países, La costumbre de someter gente ni siquiera tiene que ver con el color de la piel . Para terminar, le amenacé fieramente: “si no te has convencido que Obama es un Emperador, te mando a leer la “Historia de la Guerra del Peloponeso” ¡¡entera!!.
Creo que fue suficiente.

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(1)  “La Guerra de los DRONES” Artículo de Jorge Luis Volpi, publicado en su Blog "El Boomeramn", el 17 de marzo de 2013.
(2)  No se trata de una o varias citas, aunque en buena parte lo son, sino de una versión libre de “Historia de la Guerra del Peloponeso” de Tucídides tomada del texto con traducción de Diego Gracián   (http://www.enxarxa.com/biblioteca/TUCIDIDES%20Guerra%20del%20Peloponeso%20_BCG_.pdf              También se usó el epígrafe del libro “Por el Bien del Imperio” de        Josep Fontana. Pasado-Presente         Barcelona.