jueves, 30 de julio de 2020

Los viejos no sirven


Guillermo Arenas Escudero


 

    En tiempos de pandemia abundan los oráculos. Lo insensato puede llegar a estimarse plausible, aconsejable, genial, más aún, puede ser publicado en un diario vetusto y elocuente, protector del comercio, de viajeros y ladrones.

    Desde las 22:00 horas del 15 de mayo, se dispuso cuarentena para los mayores de 75 años. La idea se había planteado un mes antes.   

    “El principio de cuarentena estricta no debería aplicarse por comunas o ciudades, sino exclusivamente al grupo de riesgo (mayores de 70) y nótese que muchos de ellos son pensionados.” “Este grupo debería permanecer 100% aislado, probablemente por uno o dos meses. No será fácil ni agradable, pero factible y esencial.”.

    El autor de la extravagancia, el señor, don Juan Claro M. (Mimica?) tuvo la ternura de prevenirnos sobre su falta de erudición: “Sin ser especialista daré una opinión basada en el sentido común”. (El Mercurio de 15 de abril, página 2, “¿Una idea posible?”).

    Agrega, con exultante candidez: “El Estado debería instruir a los familiares sanos sobre la forma de mantenerlos 100% aislados y alimentarlos y proveerlos de sus medicamentos, con las más estrictas medidas anticontagios.”.

    El propósito de don Claro es inequívoco, claro como agua de manantial: los que estén fuera del grupo de riesgo (mayores de dieciocho y menores de setenta) podrán  otorgar y entregar su inestimable aporte al buen funcionamiento de la sociedad y la producción de bienes y de servicios.

    Ello tendrá costos, inclusive podría generar muertes, qué duda cabe, nada es gratis ni fácil en la vida. Pero el señor Juan, en su pregón, se adelanta y  morigera la eventualidad: “Es importante entender que existirían jóvenes que podrían fallecer, pero serían los mismos a quienes les sucedería esto con la actual estrategia…”.

    El programa de don Claro M. carece de precedente o preexistencia en nuestro país, ni siquiera en la ficción. En ese sentido habrá que reconocerle originalidad, lo que no es poco ni abundante.

    Buceando en la ficción literaria encontramos, allende Los Andes, una novela que, con bondad, podría estimarse corre en auxilio de “¿Una idea posible?”.

    Que me perdone el abuso, desde su tumba, el grandísimo patricio argentino y enorme escritor Adolfo Bioy Casares quién, en su “Diario de la guerra del cerdo”, relata una calculada persecución en contra de viejos, por el solo hecho de ser viejos, inútiles e improductivos, todo en el elegantísimo barrio de Palermo de Buenos Aires.

    Bioy Caseres, ambienta su novela en 1943, época en la que irrumpen, golpe de estado mediante, los militares del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) de la denominada Revolución del 43. Ejercían la Presidencia de la Nación los generales Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Julián Ferrell y asomaba el coronel Juan Domingo Perón quien gana las elecciones presidenciales tres años después. “Diario de la guerra del cerdo” se publicó cuando, un famoso militar golpista con el que se inauguró el mote de “gorilas” el teniente general Juan Carlos Onganía, ocupaba de facto la presidencia argentina.    

    “Como la curiosidad es más fuerte que el miedo, los amigos avanzaron unos metros. Oyeron, primero en conjunto y luego distintamente, injurias, golpes, ayes, ruidos de hierros y chapas, el jadeo de una respiración. De la penumbra surgían a la claridad blancuzca, saltarines y ululantes muchachones  armados de palos y hierros, que descargaban un castigo frenético sobre un bulto yacente en medio de los tacho y montones de basura. Vidal entrevió caras furiosas, notablemente jóvenes, como enajenados por el alcohol de la arrogancia. Arévalo dijo por lo bajo: /  -El bulto ese es el diarero don  Manuel.  /  Vidal pudo ver que el pobre viejo estaba de rodillas, el tronco inclinado hacia adelante, protegía con las manos ensangrentadas la destrozada cabeza…”.

    Cierto que nuestro Claro pudiere parecer como un niño de pecho al lado del relato de Adolfo Bioy Casares, pero a nadie se le escapa que lo del argentino es una ficción literaria y lo de Juan Claro M. un programa de política sanitaria para “cuarentenar” viejos y así poner en circulación a los jóvenes, liberando su fuerza de trabajo.

    En algún momento de su relato Bioy Caseres, explicita, muy al paso, que la pulsión homicida de los jóvenes del barrio de Palermo contra los viejos se explica por el miedo que significa llegar a una edad avanzada:  

    “En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser” “…a través de esta guerra entendieron de una manera íntima, dolorosa, que todo viejo es el futuro de algún joven. ¡De ellos mismos, tal vez!”.

    No sería justo pedirle a nuestro Juan Claro la agudeza y la llaneza del argentino para instalar el implícito freudiano que, llegado un momento, los jóvenes deben, si pueden, desplazar a los viejos, así sea que haya que perseguirlos o matarlos, como ocurre en la novela.

    A su turno, Claro, sin ambages, proclama lisa y llanamente la necesidad del encierro de los viejos. Sin embargo su acervo chileno, esa cualidad patria tan acentuada, le impone que la encerrona sea institucionalmente establecida y, como siempre se ha exigido, se proclame que no se trata de un abuso ni discriminación, sino de una situación indeseada que obliga a ese proceder para el beneficio de los propios viejos.

    Con todo, no hay que soslayar que mientras el argentino, pudiente de  cuna y conservador, escribe su novela cuando tenía 55 años, nuestro compatriota, también conservador y pudiente (no sé si de cuna) tiene la audacia, a sus 72 años, de proponer, para los chilenos,  una especie de Gueto de Theresienstadt (un campo de concentración de las SS nazi en el Protectorado de Bohemia y Moravia, usado con fines propagandísticos, como asentamiento de judíos ancianos).

    A los viejos hay que sacarlos del camino. Estorban. En los momentos difíciles son el obstáculo principal. Es irrelevante que la vejez los haga productivamente inútiles. Lo que está en el corazón de todo es la condición de lastre de los ancianos lo que acarrea un “…alto costo económico por una caída generalizada de la producción y la ventas, lo que acarrea cesaciones de pago, quiebras y desempleo.”, sentencia Claro.

    Tampoco sería justo pedirle a la novela de Bioy Casares, el magnífico y sorprendente cierre que Juan  Claro M., estampa al final de su octavilla, pues se trata de una contingencia sobreviniente producida en este lado de la cordillera: “…esto se ve agravado por el vandalismo desatado desde el 18 de octubre...”.

    También se trata de aquello. Del 18 de octubre de 2019. De la mayor crisis social de la historia chilena. Ello quizá explique la generosidad de centímetros que El Mercurio prodiga al señor Juan.

    Se trata tanto del Big Bang como de la Pandemia. De sacar a la gente de la plaza y de la calle y de recluir a los viejos en sus dormitorios como si fueren idiotas en el sentido griego clásico del término.

    Capicúa.

    Al final y en resumidas cuentas, ¿“Una idea posible?, no es más que una vulgaridad, una idiotez, qué duda cabe.

 

Valparaíso, junio de 2020.-


LÁNCENSE A LOS CAMINOS

 

Alejandro Do Porto

 

 

    Un reconocimiento absoluto sin sombras ni regateos, dejó en evidencia que la monumentalidad de la obra de Roberto Bolaño puso fin el largo y prolífico período del realismo mágico de la literatura latino-americana y permitió la emergencia de una nueva generación de escritores que encabeza, no obstante su muerte.

    Babelia, la revista cultural de El País de España, da cuenta de los mejores 21 libros del Siglo XXI, en opinión de 84 expertos. En el primer lugar ubicaron a “2666”, la novela póstuma de Roberto Bolaño, publicada en 2004, un año después de su muerte.

    Para que no cupiere dudas del nuevo rumbo y vertiginoso ritmo impuesto por Bolaño a la literatura de nuestra lengua, en la Babelia se dice: “Desde Borges -retratado minuciosamente  por Adolfo Bioy Casares en un diario ya ineludible- ningún escritor ha influido tanto como Roberto Bolaño en las nuevas generaciones.”.

    Lo había adelantado Enrique Vila-Matas: ““Los Detectives Salvajes” -vista así- sería una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio.” Abundan explícitos reconocimientos como éste de Jorge Luis Volpi, Juan Villoro, A.G. Porta, Rodrigo Fresán y ni decir de Javier Cercas o, más allá de la literatura, de Patti Smith que dijera “2666 es la primera obra maestra del siglo XXI”.

    Una impronta de muerte y violencia marca el tiempo vital de Bolaño y como todo escritor con rasgos de genialidad crea su corpus literario de verso y prosa, con las vísceras de la realidad  que le toca vivir. Entre 1967, momento que resuelve abandonar la educación media formal para ser escritor y su muerte en 2003, corrieron tiempos de fuerzas huracanadas, de energías tectónicas desatadas a nivel social y político. El proclamado realvisceralismo en Detectives Salvajes, nunca fue de oropel, menos un recurso literario.

    Bolaño vive la latinoamérica profunda del Chile de los años 60 del México de los 70  (en 1972 se declara revolucionario[i]) y la España post franquista de los 80 y 90. En fin, en su madurez literaria vivió la época en la que irrumpió y se consolidó, sin contrapesos, una nueva era de precariedad, de miedos y de espantos. Fagocitándolo todo el neoliberalismo nacía hacia 1971-74 y colapsaba en 2008. Globalización mediante, el declive de los grandes relatos, la muerte de Dios, el fin del confort de las vanguardias, dominaban la escena. Bilao se inició con la generación sesentera que lo quiso todo y su madurez la vivió en medio de las generaciones que junto con quererlo todo, lo quieren ya, ahora.

Así, en ese escenario, los icónicos y míticos  poblados imaginarios del realismo  mágico desfallecieron: “Comala” de Juan Rulfo, “Santa María” de Onetti y las maravillosas desmesuras del “Macondo”, del enorme García Márquez se quedaban, con honores por cierto, en el siglo veinte, acompañando los fantásticos “Cuentos de Amor de Locura y Muerte” de Horacio Quiroga.

    La vieja hacienda cobijó al realismo mágico. El darwinismo urbano (vaya urbe en la que Bolaño vive su juventud) pare al infrarrealismo. 

    Bolaño era consciente del dramatismo y radicalidad de la era que le tocó y la enfrentó sin ambages  con su propio drama de vida que se extinguía, con intermitencias, sin piedad.

    Cuando se había hecho un lugar común creer que se podía terminar el mundo pero no el capitalismo, en su versión más salvaje, produciendo millones de seres de desecho, Bolaño escribió sus obras y se las dedicó con desprecio, arrogancia irreductible, desafiante.

    Mujeres, migrantes, excombatientes, restos náufragos de sociedades desechas o sencillamente extinguidas, negro, comunista, periodista deportivo, espaldas mojadas, traficantes y policías, niños, adolescentes, trabajadores de maquila, profesores diletantes, homosexuales, putas, escritores nazis, académicos burócratas, estrategas de sobrevivencias, boxeadores, narcos, mendigos, en fin, todo lo inhumano imaginable en caos, que nacía y moría vertiginosamente a su alrededor, se constituyó en el núcleo central de su obra.

    El mundo subjetivo de sus personajes carecen de interés para Bolaño. Más bien sus personajes son sujetos sociales, los que en sus interrelaciones, dan vida a sus obras y la dotan de singularidad.    

     En “La parte de los crímenes” del descollante “2666”, Bolaño se despliega con la fuerza y la feroz resolución proclamada en su manifiesto infrarrealista: “…al día siguiente uno de los ayudantes del forense le realizó la autopsia. Había sido estrangulada. Había sido violada. Por ambos conductos, anotó el ayudante del forense. Y estaba embarazada de cinco meses.”. Allí se toman de la mano su estética cruda, su ética irreductible y su política infranqueable. Lo mismo corre en el pulcro, breve y sórdido relato de la prostitución de Bianca para sobrevivir con su hermano, en un país con estado de bienestar en el cual lo peor es inmigrar.

    Las mujeres en el realismo mágico ocupan su lugar de sumisión implícita, o explícita, con sus obligaciones de hembra que ha de llegar virgen al matrimonio bajo apercibimiento del repudio narrado genialmente en “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez.

    La irrupción de Bolaño importa una nueva narrativa sobre la mujer. Mujer entendida como el sujeto social más relevante que emergía, en esta nueva era, execrando y excretando todo machismo y normalización patriarcal.

    En el norte mexicano arrasado social y humanamente por la industria de maquila llegada del país del más al norte, la mujer no solamente es trabajadora en un régimen salvaje de producción y salarios, sino también objeto de degradación, sino depredación que describe con una crudeza que no se pretende mitigar ni atemperar, pues de eso se trata el infrarrealismo.

    La obra de Bolaño ha de leerse no sólo en su radicalidad estética y ética (que tanto incomoda a los lectores anclados en el S.XX) sino también, necesariamente, en su radicalidad política. Eduardo Tarifeño y Horacio castellanos, en El Clarín de Buenos Aires, dan luces sobre este asunto. “A Eliseo Álvarez le confesó que se hizo trotskista porque no le gustaba `la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas`…`cuando estuve  entre trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical trotskista, y terminé siendo anarquista`…`Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista.`[ii]. 

    Cuidado, Roberto Bolaño no era un dilettante en la política, como en todo, era un detective. (“Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que escritor”, dijo en una entrevista poco antes de su muerte y creo que no bromeaba)

    Entre el primer viaje de Roberto Bolaño a Chile, en los últimos meses del gobierno del Presidente Salvador Allende (1973) y el Bolaño personaje de la novela de Javier Cercas en “Soldado de Salamina” (2001) está el punto de inicio y de llegada del cuerpo de sus ideas políticas. Cercas pone en boca de Bolaño: “Mira, te voy a decir la verdad. Durante años me cagué cada vez que pude en Allende, pensaba que la culpa de todo era suya, por no entregarnos las armas. Ahora me cago en mí por haber dicho eso de Allende. Joder, el cabrón pensaba en nosotros como si fuéramos sus hijos, ¿entiendes? No quería que nos mataran. Y si llega a entregarnos las armas hubiéramos muerto como chinches. En fin –concluyó, tomando otra vez la taza-, supongo que Allende fue un héroe.”[iii]

    Así, Bolaño no pretende pasar por un inocente de fines del S.XX. y  desciende al infra-mundo donde habitan los humanos que sufren y son acosados, que desde sus prisiones buscan una salida, y en el empeño salvan o mueren, no hay término medio. Deja atrás la desmesura americana y sus historias de violencia  romántica morigeradas por las esperanzas que se cumplirán con la llegada de mariposas amarillas. Así, su inconmovible crítica la deja caer sobre los escritores y los intelectuales y los políticos que no viven a la intemperie, lejos del amparo de la nomenclatura o del establishment.

    Tan pronto volvió de su primer viaje a Chile, en el DF mexicano lanza, con su amigo Mario Santiago, el Manifiesto infrarrealista:

“-- Que la amnesia nunca nos bese la boca. Que nunca nos bese.

--Soñamos con utopía y despertamos gritando.

OK

DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE

LÁNCENSE A LOS CAMINOS” [iv]

 

 

Valparaíso, mayo, 2020



[i] Diario La Vanguardia, Barcelona, 23 de septiembre de 2002. En Bolaño “Por sí mismo”.  Pág. 88. Ediciones UDP. Selección y edición Andrés Braithwaite.

[iii] Soldados de Salamina” Javier Cercas. Bs. Aires. Tusquets Editores. 2010, págs. 145-146.

[iv] “Déjenlo todo nuevamente: primer manifiesto del movimiento infrarrealista”. “A la Intemperie”. 2019. Pág. 358-366.

 

Libros de referencia:

Bolaño y México. En Sabiduría sin promesas. Christopher Domínguez Michael. Ediciones UDP.2009.

Roberto Bolaño La Experiencia del Abismo. Fernando Moreno (Coordinador). Ediciones Lastarria.2011.

A la Intemperie.  Alfaguara. 2019.

Roberto bolaño. Un universo en expansión. Chris Andrews. Ediciones UDP. 2018.

El Hijo de Míster Playa. Mónica Maristain.  Alquimia Ediciones. 2017.

 

 

 


miércoles, 29 de agosto de 2018



JOSEP FONTANA
HASTA LA VICTORIA


Guillermo Arenas Escudero



Josep Fontana i Lázaro, nació y murió en su amada Barcelona. El 20 de noviembre próximo, habría cumplido 87 años. Por mucho tiempo, en cualquier lugar del mundo, si alguien deseaba (y en el futuro desee) bucear en la historia de la humanidad bajo el Imperio de los Estado Unidos de América, no tiene alternativa: deberá recurrir a los textos de este gran historiador catalán que muriera este 28 de agosto.

Fontana publicó en 1982 “HISTORIA: ANÁLISIS DEL PASADO Y PROYECTO SOCIAL”, convirtiéndose en un referente insoslayable cuando se trata “del historiador como conciencia crítica de la sociedad en la que vive”. Probablemente, la única obligación de un intelectual comprometido.

“POR EL BIEN DEL IMPERIO. Una historia del mundo desde 1945” es un legado impresionante. El relato estremecedor, a ratos una crónica sangrienta, de los años que siguieron a la II Guerra hasta nuestros días (lo que lo convirtió en un historiador-espectador de los acontecimientos que vivió y vivía) es una brutal respuesta a cualquier ocultamiento de la verdad en nuestros tiempos. El nombre del libro se explica en el epígrafe del mismo.  Se trata de palabras de Tucídides en su “Historia de la guerra del Peloponeso”: “Estamos aquí por el bien del imperio… tal como van las cosas en este mundo … mientras los fuertes hacen lo que pueden … los débiles sufren lo que deben”. Nos relata Fontana que el 19 de octubre de 2001, el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, arenga a los tripulantes de unos bombarderos casi de la misma manera: “Tenemos dos opciones. O cambiamos la forma que vivimos o cambiamos la forma en que viven los otros. Hemos escogido esta última opción”. Entre la guerra del Peloponeso y el primer año del siglo XXI, median 2.432 años. Fontana nos advierte que nada nuevo hay bajo el sol. 

En 1992 se publica “LA HISTORIA DESPUÉS DEL FIN DE LA HISTORIA”. El desprecio respetuoso pero implacable por la tesis peregrina (colindante con la propaganda) de Francis Fukuyama y el fin de la historia, (en momentos que se le reverenciaba universalmente) es tan sólo una muestra de su lucidez.

“EL FUTURO ES UN PAÍS EXTRAÑO. Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI”  publicado el 11 de febrero de 2013, discurre sobre los asuntos más acuciantes que desafían a las izquierdas y progresismos políticos actuales. Es inmisericorde. No da tregua. Llega a ser agobiante en la entrega de datos sobre hechos y acontecimientos que sabemos que ocurren por sus efectos sobre nosotros sin que podamos, en tiempo presente, decodificarlos para entender nuestras vidas. En septiembre de ese año, nos advertía Fontana, entraría en régimen el funcionamiento del Utah Data Center. Nuestros datos personales, el contenido de nuestros correos electrónicos, hasta las multas por mal estacionamiento (para graficarlo en pocas palabras) estarían a disposición del poder, en tanto estaba desatada la privatización de la política, la cooptación por las grandes empresas de las élites políticas y de lo más granado de los profesionales, a precio conveniente (muchas veces vil).

Fontana ha dejado su legado su opinión, sus advertencias para el siglo XXI.

Que su herencia nos ayude.




Santiago de  Chile, 
Peñalolén, 28 de agosto de 2018
 

sábado, 21 de octubre de 2017



DESPUÉS DE TRANSCURRIR UN SIGLO

Guillermo Arenas Escudero
Licenciado en Cs. Jurídicas y Sociales
Universidad de Chile
Abogado

Cien años hace que el Comité Militar Revolucionario, dominado por los bolcheviques procedieron al asalto del Palacio de Invierno, en la hermosa Petrogrado, dando paso a la instalación del Soviet de Comisarios del Pueblo. Corría el juliano 25 de octubre de 1917. El poder cambiaba de mano. La Revolución Rusa se consumaba.

El Asalto al Palacio de Invierno tomaba su lugar en la historia y se ubicaba junto a la Toma de la Bastilla del mítico 14 de julio de 1789.

La Revolución Rusa y la Revolución Francesa son hermanas carnales. Ambas son dos acontecimientos que marcan la historia social, política y económica moderna de Occidente.

Michel Foucault en “Qué es la Ilustración (1983)” [i] hace una aguda exégesis sobre la opinión de Kant respecto de la Revolución (francesa), dice: “Lo que es significativo es la manera en que la revolución se hace espectáculo, es la manera en que es recibida en todos lados por espectadores que no participaron en ella y que para mejor o para peor se dejan arrastrar por ella.”.

El asunto principal trata de una respuesta filosófica (por tanto con pretensiones de validez universal) sobre el presente, sobre lo actual, sobre un acontecimiento (la revolución) que conmovía a Francia (en tanto actores) y al resto del mundo (en tanto espectadores).

Así, el punto no está en los momentos culminantes del 14 de julio (La Bastilla) o del 25 de octubre (Palacio de Invierno), ni en las barricadas de les  citoyens ni en el empuje militar de la Красная Гвардия (Guardia Roja de obreros, soldados y marinos). Tampoco en la guillotina ni en los fusilamientos que terminan con las familias reales depuestas. Tampoco en los actos del Comité de Seguridad General en el período del Terror francés (1793-94), como en los actos de la Cheka y el GRU en Rusia (1918-19). Tampoco de las crisis económicas por las que atravesaban Francia y Rusia al momento de sus respectivas revoluciones.

El asunto, como se dijo, es el espectáculo que generaron las dos más relevantes revoluciones de Occidente en sus espectadores (posiblemente más que en sus actores) al momento de sus concreciones, es decir, en sus respectivos presentes, y cuyas réplicas estremecen a las sociedades hasta nuestros días (y las seguirán conmoviendo).

Poseen (siguiendo las categorías de análisis foucaulianas que usamos de prestado) los signos que colocan a las revoluciones (francesa y rusa) en la tendencia general de la especie humana en la búsqueda incesante de su progreso. En efecto, en ambas se pueden advertir los signos rememorativun (que las revoluciones siempre han sido así) el signo demonstrativum (que actualmente pasan precisamente así) y el signo pronosticum (que seguirá pasando de esta manera).

El acontecimiento revolucionario (en ambos casos) produjo en sus espectadores, cualquiera fuere el bando en que se inscribieran,  una certeza nueva, imaginada sólo en sus mejores sueños: El poder absoluto podía ser   subvertido (sea para instaurar un nuevo orden republicano burgués (Francia) sea para un nuevo orden económico y político  encabezado por obreros (Rusia).

Los espectadores, según el caso, observaron y adquirieron una convicción: (1879) un nuevo orden (republicano) era posible; (1917) un nuevo orden (socialista) era posible.

Con todo, el propio Kant hace una precisión relevante, dice: “No esperen que ese acontecimiento (la revolución) consista en elevados gestos o en crímenes importantes…No nada de eso.”.[ii]

Por cierto no se trata de los detalles, ni de las miserias, ni de las grandezas del acontecimiento sino de su enorme magnitud, la que ineluctablemente terminará por cambiar el curso de la historia, como una obducción de placas continentales que al chocar, cambiaran la geografía de planeta (o, como una subducción de placas tectónicas continentales, capaz de liberar energía suficiente como para producir alguno nuestros terremotos de más de 8 grados de la escala de Richter).

Así, devienen en irrelevantes datos como que la revolución rusa duró 77 años (1917-1991), y la francesa 10 (desde 1789 hasta el golpe de estado que diera Napoleón Bonaparte el 18 Brumario del VIII año del calendario revolucionario).

El acontecimiento [iii] (en ambos casos) fue de tal magnitud que alcanzó prácticamente a la totalidad de las naciones de la tierra, qué duda cabe. Se le llama, con toda justicia y certeza “acontecimiento” en razón que las causas que lo provocan no aparecen como suficientes para explicar su efecto. Este absurdo aparente, este paradoja que violentaría la ley de causa-efecto, por cierto exige explicaciones mucho más extensas y acabadas que aquellas que permiten explicar actualidades, o presentes más frecuentes.

La revolución rusa, de la que se conmemoran cien años de su ocurrencia, cualquiera sea la posición que respecto de ella se tome o se tenga, afectó la vida de todos. Las afectó hace cien años y sus consecuencias nos llegan hasta nuestros días.

El socialismo, en sus inacabables variedades, versiones y singularidades (cualesquiera sean sus concreciones históricas, sus éxitos o fracasos) tiene en la Revolución Rusa, una marca, una huella indeleble de la que no se puede renegar.

Después de transcurrido un siglo la Revolución Rusa nos saluda desde su digno lugar en la historia


Peñalolén, Chile, octubre de 2017




_________________________
[i]  Michell Foucault. ¿Qué es la Ilustración? Colección Memoria del Búho. Alción Editora. Página 76. Impreso en Argentina. 1996.
[ii] Ibidem, Página 77.
[iii] Ver Slavoj Zizek. Acontecimiento. Editorial Sexto Piso.

domingo, 8 de enero de 2017

LE PEDIMOS A  LUIS MESINA

QUE SEA CANDIDATO A PRESIDENTE DE CHILE.




Los políticos y los partidos desde el término de la dictadura, han fracasado completamente.

En nuestra patria, una minoría se apoderó de nuestro dinero para la previsión y lo administra en nuestro perjuicio para enriquecerse cada vez más. Lo seguirán haciendo, sin  pudor, a la luz del día, como si fuera natural apropiarse del esfuerzo de millones de chilenos. Los partidos y sus candidatos, preparan sus discursos para que ese desojo siga adelante.

No solamente las y los trabajadores sufren del abuso desatado del capitalismo salvaje que se ha apoderado de Chile, los micro empresarios, los pequeños, y e incluso los medianos empresarios son víctimas del abuso de las grandes empresas oligopólicas que se coluden y les pagan sus productos a 30, 60 y hasta a 180 días.

Cada vez que se les presenta una oportunidad, con  resquicios o con leyes a la medida votadas por políticos cuyas campañas financian,  eluden los impuestos.

En Chile, el problema no es la política, el problema son los políticos de la derecha sean de Chile Vamos o de la Nueva Mayoría. Ya no representan a la sociedad que trabaja y que produce la riqueza. 

Luego de largos y agotadores 26 años, estamos donde nos dejó la dictadura. Los ricos siguen coludidos. Desde que nacemos hasta que morimos pagamos sobreprecio hasta en el papel higiénico, los pañales y alimentos. Las instituciones del Estado actual funcionan para que las colusiones se repitan una y otra vez, desde las farmacias hasta los pollos.

Se ha privatizado el agua dulce y la salada. Ni los peces del mar nos pertenecen. La izquierda, aquella que luchó contra la dictadura, luego del triunfo del NO se transfiguró en una fuerza privatizadora. El poder esconde su riqueza en paraísos fiscales mientras el pueblo renegocia con la banca y el retail (incluso en ese proceso nos estafan).

Queremos interpelar a nuestro propio mundo: AL MUNDO SOCIAL. A sus dirigentes, movimientos, gremios, organizaciones y  sindicatos.

Para terminar con las AFP, y establecer la Seguridad Social. Para que una Asamblea Constituyente democrática y soberana, decida el país en el que queremos vivir.

Ya nadie del actual modelo nos puede representar. La casta política del duopolio está descompuesta.

Queremos que un dirigente social se alce como candidato a Presidente de Chile. Que se inicie una nueva etapa para los movimientos sociales y  la izquierda.  Que el pueblo de Chile levante una alternativa propia.

Las luchas de las y los chilenos para que se termine el peor de los abusos, el uso malicioso de nuestros fondos de pensiones, ha puesto a  LUIS MESINA en un trance histórico, que ni él mismo debe haberse imaginado:

ENCABEZAR LA LUCHA DE LOS MILLONES DE CHILENOS QUE ANHELAMOS UNA PATRIA JUSTA, SOLIDARIA Y LIBRE Y QUE PONGA FIN AL EXTREMO ABUSO QUE NOS ASOLA.

LE PEDIMOS A LUIS MESINA  QUE ASUMA COMO CANDIDATO A PRESIDENTE DE CHILE.

Santiago de Chile, enero de 2017




 Álvarez, Presidente Mutual de Trabajadores del Transporte
Pablo Sepúlveda  Allende, médico
Doris González, Asistente Social, dirigente  de la  Org. de Pobladores Ukamau
Esteban Silva, Presidente Fundación Constituyente XXI
Celso Calfullan, dirigente social mapuche, director  Werken Rojo
Dr, Carlos Moya. Académico. Coordinación de Universidades  
Vanessa Goecke, Historiadora
Eduardo Gutiérrez, Vicepresidente  Fundación Carlos Lorca Tobar
Ana María Calisto, Presidenta OASIS. Comité de Trabajo Adultos mayores. Puerto Montt
Rodrigo Loyola, Vicepresidente Asociación de ex Presos Políticos
Roberto ÁCarlosvila, abogado
Mirtha Alvarado, Directora Tesorera  Fundación  Constituyente XXI
Mario Paz, Sociólogo
Marco González, Abogado
Renato  Villar, Sociólogo
Guillermo Bastías, Abogado,  Artista Visual
Loreto Contreras
Cristián Pulgar, Centro de Estudios de la Nueva Investigación Social
Rino canales, dirigente sindical San Bernardo. MTT
Fernando Quiroga
Olga Carrasco, Coord. Social de la Mutual de Trabajadores del Transporte
David Mateluna, Dirigente social,  la Cisterna
Alvaro Gruner
Pedro Cáceres Maldonado, ex Presidente de la FESIMAR. Región Los Lagos
Cristián Muñoz, dirigente sindical Municipalidad de Viña del Mar.
Benjamin Grunewald, Director Sindicato de preparadores  Sporting de Viña del Mar
Jorge Díaz, Valparaíso
Enrique Lagunas, Secretario Sindicato de Preparadores  Sporting. Viña del Mar
Guillermo Araya Guzmán, Quillota
Manuel Leiva, Dirigente Sindicato de Empleados de Corral  Sporting. Viña del Mar
Carmen Oyarce
Claudia Iriarte, abogada
Kevin Grunenwald
Tomás Manuel  Fábrega
Claudio Alfonso Rojas Guerra
María Cecilia Bartholin Pérez
Roberto Tello, Comunidad de chilenos en Buenos Aires, Argentina
María Elena Salas Cárdenas, Comunidad de chilenos en  Argentina
Victor Parraguez  Pino, gastrónomo
Rony Nuñez  Mesquida, asesor sindical, Viña del Mar
Hugo Lavín, Octava Región del Bío Bío, Concepción
Daniel Olivares Saguer, profesor de lenguaje y comunicación
Daniel Velásquez, Dibujante Técnico
Ricardo Mendoza, Ingeniero en Agronegocios
Cristian Cid, Técnico jurídico
Nicolás Madrid, Ingeniero Comercial
Estefanía Labbé Mosquera, Educadora de Párvulos
Jaime Alvarado Vilar, Ingeniero en marketing
Diego González Alvarado, Director de Arte Fundación Constituyente XXI
Juan Carlos Escribar
Ruben  Yocelevzky  Retamal
Sonia Riva Labbé, Profesora

Pedro Pablo Alvornoz, Tecnólogo Médico

lunes, 28 de noviembre de 2016

DONALD TRUMP

(el fin de la era Reagan?)


Guillermo Arenas Escudero

Quién lo iba a decir. El neoliberalismo, es decir, el capitalismo en su versión más salvaje, está impugnado por el nuevo Presidente USA: Donald Trump.

En su campaña por la presidencia (y no se divisan trazas que indiquen que vaya a cambiar de propósito) Trump prometió terminar con los tratados internacionales (NAFTA) y abortar los que estén en trámite (TTP). Es decir, poner severas trabas al “libre comercio” mediante restricciones al ingreso de mercaderías del extranjero que generen cesantía en EE.UU.

En su momento el senador por Vermont, Bernie Sanders, también apuntó a la misma causa como fuente del problema: la pérdida de puestos de trabajo y la consiguiente precarización de la vida de los trabajadores y sectores medios. Obtuvo más de 10.000.000 de votos en las primarias demócratas y obligó a Hillary a limar (real o simuladamente) las aristas más agudas de su opción librecambista, heredada de su esposo Bill, quien desde la presidencia abjurara de la dimensión social de su programa y se convirtiera en un campeón del neoliberalismo.

Sanders llegó a profanar el lenguaje político tradicional y dominante, definiéndose como un socialista democrático, de corte escandinavo y partidario de una democracia laboral.

Donald Trump apuntó audazmente, desde la ultra derecha, al mismo segmento: hombres y mujeres blancos asoladas por la desocupación, acosados por el temor (sino miedo) a un futuro preñado de incertidumbres, precarizados en sus afanes cotidianos, desolados ante la devastación de la industria y/o “deslocalización” de la misma, en fin, apuntó a las personas con miedo y les ofreció seguridad, dura y cruda.

Lo hizo con  furiosa arrogancia, clamando sin ambages por una “América nuevamente grande” (sin importarle el tufillo patriotero y fascistoide que exhalaba su discurso) arremetió  contra los políticos de Washington (atacar a los "señores políticos" da dividendos en cualquier lugar del planeta) y aprovechando el descrédito creciente de toda la “prensa libre” estadounidense, que patrocinaba a Hillary, la enfrentó sin dar ni recibir cuartel.

No es que a Trump le disgusten los chinos (decían sus partidarios) es que el ingreso de sus productos (explicaban) dejan cesantes a los trabajadores de Ohio y Pensilvania. Ni creo (solían insistir) que le agrade prometer que levantará un muro en la frontera con México, sino que es inaceptable que las empresas del mítico Midwest se “deslocalicen” instalándose en el borde sur del río Bravo (como se le llama en  México) río Grande (como se le nombra en EE.UU.) provocando cesantía en Michigan y Wisconsi.

Lo cierto es, que el neoliberalismo, no perdonó ni a Estados Unidos ni a México. Los norteamericanos quedaron cesantes, en razón que el valor del precio del trabajo no podía competir con la ganga que costaba en el mexicano desierto de Sonora. Allí emergieron por miles las maquiladoras al amparo del NAFTA quedando cientos de miles de mujeres y hombres sometidos a las peores condiciones de vida. (Roberto Bolaño escribe descarnadamente la irrupción de esa super expoliación y degradación humana en su célebre novela 2666).

No es que el brujo (EE.UU.) fuere víctima inopinada de su propia pócima (el neoliberalismo) es que el neoliberalismo no respeta a nada, ni siquiera a la metrópolis imperial.

Con todo, los demócratas consiguieron mayoría en la cosmopolita New York, la progresista Massachusetts, la diversa California, en la persistente Nueva Jersey (incluida su mítica Newark escrita y descrita por Philip Roth en su notable “Pastoral Americana”) así como del combativo estado de Washington, probado en sus memorables movilizaciones de 1999 contra la OMC y en los legendarios alzamientos obreros y de trabajadores de los años ‘20 (referidos por Howard Zinn en su incómoda y aguda “La Otra Historia de Estados Unidos”).

Pero los demócratas habían perdido la confianza de los votantes del Medio Oeste, más derechamente, perdieron el apoyo de los obreros y trabajadores blancos y eso les resultaría fatal. Quizá, el paradigma de ello, fue la derrota en el estado de Virginia Occidental, el otrora “país del carbón” fagocitado sin piedad por el capitalismo salvaje. (Allí Sanders ganó holgadamente y luego, Hillary, repitió su derrota frente a Trump. No obstante estar Sanders y Trump en las antípodas de la política, ambos coincidieron en la necesidad de recuperar (políticas públicas mediante) a la economía real desarmada por el Mercado Financiero.

Con toda franqueza, el esfuerzo de las minorías y de los “blancos escueleados”, resultaron completamente inútiles. La mayoría blanca norteamericana salió de sus casas, fue a votar, y dejó a las minorías exactamente en lo que son: como minorías.

Los afroamericanos, los latinos, los LGBT, las mujeres (que llegado el momento votaron abrumadoramente en favor de Trump) etc., no pudieron detener a la mayoría blanca de los Estados Unidos profundo.

Lo cierto es que un análisis meramente electoral, es completamente insuficiente para explicar la victoria con que se alzó Donald Trump contra todo el establishment, las minorías y la prensa.

Cualquier miembro de la especie humana o cualquier grupo de ella, reacciona con lo peor de sus miedos cuando ve amenazada la fuente de sus ingresos que hacen a su modo de vida y de supervivencia.

Y así se comportaron en la elección los blancos sin trabajo, pauperizados, precarizados por el capitalismo salvaje. Votaron por protección, votaron por el muro en la frontera, por las barreras de ingreso para productos asiáticos, por la recuperación de sus puestos de trabajo, contra los inmigrantes, por el término de los tratados de libre comercio que arruinan la industria, etc..

Trump ofreció amputar al capitalismo salvaje, dos de sus pilares más indispensables: 1) la libre circulación a nivel global de las mercancías, y 2) la protección de la industria en la metrópolis del imperio.

Si Trump tiene éxito, el carácter actual del capitalismo habrá fenecido y surgirá uno nuevo. 

Se tratará, de un capitalismo en el que las metrópolis (USA, UE, UK) protegerán sus economías, sus mercados, el precio de sus productos y sus puestos de trabajo, así sea que al resto del mundo se lo trague un agujero negro.

Como se dice en Chile, las placas tectónicas se subsumen inexorablemente  y se aproximan tiempos de temblorales, acompañados, de seguro, por uno que otro tsunami.

Con todo, pequeñas señales avisaron, desde hace algún tiempo. Los países  cada día más, protegen su industria y sus productos. Sólo por dar algunos ejemplos: más de 9.700 medidas proteccionistas acusa un centro de investigación londinense, los miembros del G-20 tomaron más de 100 medidas proteccionistas en los últimos 6 meses (más de 1.600 desde el año 2008). Por casa, Chile puso barreras arancelarias al acero mexicano, (mientras Bachelet y Peña Nieto posaban para la prensa en Puerto Varas) y el flamante PPK no titubeó en poner barreras al biodiésel argentino. Así, PPK y Macri las rutilantes nuevas estrellas del neoliberalismo, por estos rincones de fin de mundo, se suben los aranceles como en los mejores tiempos de los años ’30 y ’40 del siglo pasado.

Vivimos tiempos de paradojas, algunas de ellas tan espectaculares como sabrosas, otras inquietantes.

Una: tan pronto ganara Trump, el principal país oficialmente comunistas, China, salió a ofrecer libre comercio a diestra y siniestra.

Otra: tan pronto Trump dijo que dejarían de proteger militarmente a sus aliados (a menos que pagaran) los viejos amigos del eje Berlín-Tokio iniciaron el fortalecimiento de sus propias FF.AA..

Y otra: la icónica y recordada pareja Reagan-Tatcher (parteros de la era neoliberal) son  desplazados por una nueva: Donald Trump and Theresa May ansiosos impulsores del proteccionismo en USA&UK. (Sin perjuicio del rechazo visceral a las migraciones, lindante con el racismo y la xenofobia).

La más patética: mientras Donald Trump anuncia el fin del NAFTA y el aborto del TTP, nuestros Macri, PPK, Bachelet, Peña Nieto y el aprendiz de gorila que mora en Brasilia, manifiestan su enojo (indignación más bien) ante tamaña falta de seriedad y exceso de “populismo”. La escena, me recuerda el chiste aquel del lorito que le puso el pecho al tren que venía en dirección contraria mientras le gritaba: ¡¡el que caga caga!!.

Sin embargo, las cosas no dan para bromas.

Trump and May han de enterarse que sus propósitos de dar curso a un nuevo ciclo del capitalismo, se enfrentará, irremediablemente, con sociedades más empoderadas y resueltas a enfrentarles con gran radicalidad.

Veremos, los dados se están echando.


SANTIAGO DE CHILE, noviembre 2016



(Este artículo fue escrito para el medio digital "WERKEN ROJO")