ALGUIEN DEJÓ ABIERTA UNA VENTANA
EN LA ESCUELA DE DERECHO
Guillermo Arenas (Escudero por las madre)
Este artículo fue escrito para "El Pilín":
http://www.elpilin.cl/alguien-dejo-abierta-una-ventana-en-la-escuela-de-derecho/
Se cuenta que Fleming en el caluroso verano europeo de
1928 se tomó tres semanas de vacaciones. Para fortuna de todos nosotros,
Fleming, que era un despelotado, arrancó de la canícula dejando abierta una
ventana de su laboratorio.
Al volver, Alexander Fleming se percata que en una
cápsula de Petri, en la que experimentaba con la temible bacteria staphylococcus
aureus, un moho producido por una colonia de hongos, que se habían colado
por la ventana, no habían dejado bacteria con cabeza.
¡La penicilina estaba descubierta!
Por casualidad, es cierto, pero a quién le importa, si mata bacterias.
Pasaron varios años antes que el trabajo de Fleming
fuera reconocido por la comunidad científica y su descubrimiento salvara vidas
masivamente. Sir Alexander Fleming, recibió recién el Nobel de Medicina en
1945.
Traigo a cuento esta historia penicilínica porque me
tinca, tengo el pálpito, que esta primavera, en uno de estos fines de semana
largos, en los que Santiago se vacía, en la Escuela de Derecho de la
Universidad de Chile, una ventana se quedó abierta.
Es poco común que los resultados de elecciones de Centros de Alumnos sean un tema en los medios, solamente atentos y preocupados de sus propias redondeces.
La noticia era: En la Escuela de Derecho, las elecciones las ganó una lista con nombre de broma mechona: "retroCEDamos".
Ante tan insólito, singular y sorprendente suceso,
llamé a mis contactos leguleyos para anoticiarme debidamente de lo ocurrido.
Todo había tenido su origen en una rosca intestina
entre colectivos de izquierda (lo de colectivo sólo lo repito, no entiendo
mucho de tectónicas sociales post modernas).
Factum: las izquierdas, sencillamente no se ponían de acuerdo en una lista unitaria para las elecciones del Centro de Estudiantes de Derecho.
Seamos justos, la unidad ha sido siempre un bien
escaso. Antíguamente, su ausencia se enmascaraba en “cuestiones de principios”,
se la proveía de base teórica, científica, filosófica, política y ética. (Para
llorar)
Además, cualquiera que lance una mirada al futuro verá
a una parte de las izquierdas en el Gobierno y a otras en la Oposición. No es necesario consultar un oráculo para
profetizar las montañas de descalificaciones mutuas que lloverán.
Pongo alguna esperanza en que mejorarán los estilos y
los estiletes. Las izquierdas, en sus peleas familiares, suelen flaquear en
la estética más que en la moralina. Al menos, que los dolores de las divisiones se
compensen con un buen espectáculo. Advierto, eso sí, que el público se está
poniendo exigente.
En medio de tantos argumentos y considerandos para
dividirse (todos atendibles, razonables, lógicos, hijos legítimos o putativos
de la consecuencia o la razón de Estado) un pequeño grupo (siempre los que
dejan grandes tendaladas parten siendo pocos) se hastió de tantas payasadas y
optó por una acción rocambolesca.
“A este circo le faltan payasos” se dice que dijeron, (tal es la notoriedad que ha
cobrado “retroCEDamos” que ya hay versiones disímiles, no sólo respecto de la
historia fidedigna de los acontecimientos, sino también del espíritu que reinó
en la ocasión y también sobre la voluntad cierta y sincera de sus actores).
En concreto, como se sabe, este grupo de disidentes,
se presentó a las elecciones y las ganó.
Tengo la esperanza (esa esperanza verde que nunca
abandono) que durante el próximo gobierno, cuando arrecien las mismas
payasadas que han justificado, justifican y justificarán, las divisiones de la
izquierda, surja un grupo como “retroCEDamos”, levante su propia carpa y se lo
lleve todo por delante.
Llegada la hora, serán de gran utilidad un poco de
aquellos hongos (sanadores de infecciones) que esta primavera pareciere se
deslizaron sin permiso de nadie, por los ventanales de la Escuela de Derecho,
airearon al ambiente y, pasado el estupor de los profesionales de la política,
se adueñaron, sin más, de toda la escena.
Sólo una petición a los nuevos dirigentes del Centro
de Derecho:
¡No cierren las ventanas!